Cuando hablamos de EM/SFC o Covid Persistente, solemos pensar en alteraciones inmunológicas, disautonomía, disfunción endotelial o problemas en el metabolismo energético. Sin embargo, existe otro aspecto que merece atención: el metabolismo de la glucosa y de los lípidos también puede estar alterado.
En ambas enfermedades se han descrito anomalías metabólicas, pero no exactamente las mismas ni con el mismo nivel de evidencia.
En EM/SFC, existen estudios sobre síndrome metabólico, metabolómica, metabolismo lipídico, captación muscular de glucosa y señalización AMPK. Más recientemente, grandes análisis de biomarcadores han encontrado un perfil compatible con resistencia a la insulina y alteraciones hepáticas.
En Covid Persistente, existe evidencia más directa de resistencia a la insulina de nueva aparición, alteraciones glucémicas y dislipemia después de la infección.
Pero conviene distinguir desde el principio tres conceptos:
Alteración del metabolismo energético ≠ resistencia a la insulina ≠ síndrome metabólico.
Pueden coexistir, pero no son equivalentes.
1. Qué es el síndrome metabólico y por qué la insulina puede alterarse antes que la glucosa
El síndrome metabólico es la asociación de varios factores de riesgo metabólico y cardiovascular.
Habitualmente se considera presente cuando aparecen al menos tres de estos cinco componentes:
- Aumento del perímetro abdominal.
- Triglicéridos ≥150 mg/dL.
- HDL bajo.
- Presión arterial elevada.
- Glucosa basal ≥100 mg/dL o tratamiento por hiperglucemia.
Uno de sus mecanismos centrales suele ser la resistencia a la insulina.
Cuando músculo, hígado y tejido adiposo responden peor a la insulina, el páncreas puede compensarlo fabricando más.
Por eso puede existir durante bastante tiempo:
Glucosa normal + HbA1c normal + insulina elevada.
La glucosa todavía parece correcta porque el organismo está produciendo más insulina para conseguirlo.
De forma simplificada:
Menor sensibilidad a la insulina → hiperinsulinemia compensatoria → alteraciones metabólicas → posible prediabetes → posible diabetes tipo 2.
Pero no todas las personas siguen esta progresión.
Y, especialmente en EM/SFC y Covid Persistente, es importante no confundir una alteración de producción energética celular con resistencia a la insulina propiamente dicha.
2. Qué se ha estudiado realmente en EM/SFC
La relación entre EM/SFC y metabolismo lleva investigándose desde hace años, aunque la literatura es todavía relativamente pequeña.
Síndrome metabólico
Uno de los pocos estudios que examinó directamente esta cuestión fue publicado por Maloney y colaboradores en 2010.
Comparó personas con síndrome de fatiga crónica, personas con fatiga o síntomas insuficientes para cumplir completamente los criterios y controles sanos.
Los pacientes con SFC presentaban aproximadamente el doble de probabilidades de síndrome metabólico que los controles.
Además, cada componente adicional del síndrome metabólico se relacionaba con una mayor probabilidad de pertenecer al grupo con SFC y con mayor fatiga.
Es un hallazgo interesante, pero no permite afirmar que el síndrome metabólico sea frecuente en todos los pacientes con EM/SFC.
Faltan grandes estudios modernos específicamente diseñados para determinar su prevalencia.
Metabolómica y metabolismo de los lípidos
Aquí la evidencia es considerablemente mayor.
Naviaux y colaboradores identificaron alteraciones en numerosas vías metabólicas en pacientes con EM/SFC, incluyendo metabolismo de esfingolípidos, fosfolípidos, purinas, colesterol y otras vías energéticas. Los autores interpretaron el patrón como compatible con un estado hipometabólico.
Germain y colaboradores encontraron también alteraciones importantes del metabolismo de ácidos grasos y lípidos.
Hoel y colaboradores identificaron posteriormente diferentes fenotipos metabólicos dentro de EM/SFC, reforzando la idea de que probablemente no exista un único patrón metabólico para todos los pacientes.
Esto apunta claramente a una alteración del metabolismo energético, pero no demuestra por sí mismo resistencia a la insulina.
Músculo, AMPK y captación de glucosa
Otra línea particularmente interesante procede del músculo esquelético.
Brown y colaboradores estudiaron células musculares cultivadas de pacientes con SFC y observaron:
- Menor activación de AMPK tras estimulación.
- Menor incremento de captación de glucosa.
- Diferencias en la respuesta metabólica a una estimulación similar al ejercicio.
Posteriormente demostraron que activar farmacológicamente AMPK podía mejorar la captación de glucosa en esas células.
Esto es relevante porque AMPK actúa como un sensor energético celular y participa en la regulación de la captación de glucosa y de la oxidación de grasas.
Pero conviene ser precisos:
estos experimentos se realizaron en células musculares cultivadas, no demuestran que todos los pacientes con EM/SFC tengan resistencia sistémica a la insulina.
Resistencia a la insulina y alteraciones hepáticas
En 2025 apareció un dato nuevo especialmente relevante.
Beentjes y colaboradores analizaron biomarcadores sanguíneos en grandes cohortes y encontraron un conjunto de características reproducibles en EM/SFC indicativas de inflamación crónica, resistencia a la insulina y enfermedad hepática. Nueve de los 14 rasgos principales se replicaron en una segunda cohorte.
Este estudio aporta probablemente una de las señales más fuertes hasta ahora de que un componente insulinorresistente y hepático podría estar presente en al menos un subgrupo de EM/SFC.
Sin embargo, sigue sin significar que resistencia a la insulina sea una característica universal de la enfermedad.
3. Qué se ha estudiado en Covid Persistente
Aquí la evidencia es más directa.
Existen estudios que han seguido a personas después de SARS-CoV-2 y han encontrado alteraciones persistentes del metabolismo de la glucosa y los lípidos.
Resistencia a la insulina
Un estudio de 2024 siguió a 143 pacientes previamente no diabéticos y encontró asociación entre Covid Persistente y desarrollo de resistencia a la insulina.
Otro trabajo había encontrado ya en 2023 aumento de resistencia a la insulina de nueva aparición en personas con Long COVID.
También existen estudios de pacientes ambulatorios con síndrome post-COVID que encuentran una relación entre el cuadro persistente y mayor resistencia a la insulina.
Por tanto, aquí podemos afirmar con más seguridad que:
la resistencia a la insulina ha sido medida directamente en Covid Persistente.
Alteraciones glucémicas después de COVID
Las anomalías pueden comenzar ya durante la infección aguda.
Se han observado hiperinsulinemia, resistencia a la insulina y alteraciones de glucosa en personas con COVID incluso sin diabetes previa.
Además, algunos estudios longitudinales han mostrado que las alteraciones del control glucémico pueden persistir después de la recuperación.
Dislipemia
Existe también evidencia poblacional bastante sólida de alteraciones lipídicas posteriores.
Un gran estudio de cohorte encontró durante la fase postaguda de COVID un aumento del riesgo de:
- Triglicéridos elevados.
- Colesterol total elevado.
- LDL elevado.
- HDL bajo.
- Uso posterior de tratamientos hipolipemiantes.
Por tanto, en Covid Persistente o en la fase post-COVID existe evidencia no solo de alteración glucémica sino también de disregulación del metabolismo lipídico.
4. Cómo podrían conectarse inflamación, músculo, hígado y metabolismo
Aquí entramos en una mezcla de evidencia directa y mecanismos fisiológicamente plausibles.
Probablemente no exista un único mecanismo.
Inflamación y señalización de insulina
La inflamación puede interferir con las vías celulares que transmiten la señal de la insulina.
Esto está bien establecido en fisiología metabólica general y constituye una hipótesis especialmente plausible tanto para EM/SFC como para Covid Persistente.
En Long COVID existe además evidencia que relaciona directamente la resistencia a la insulina con la respuesta inflamatoria producida durante la infección aguda.
Músculo
El músculo es uno de los principales órganos encargados de retirar glucosa de la sangre después de comer.
Por ello, cualquier combinación de:
menor actividad muscular + pérdida de masa muscular + alteración de AMPK + metabolismo oxidativo anómalo
podría reducir la utilización periférica de glucosa.
En EM/SFC, la alteración de AMPK y captación de glucosa muscular sí se ha demostrado experimentalmente en cultivos celulares.
Hígado
El hígado controla gran parte de la producción de glucosa y del metabolismo de triglicéridos.
La resistencia hepática a la insulina puede favorecer simultáneamente:
mayor producción hepática de glucosa + hiperinsulinemia + aumento de triglicéridos + acumulación de grasa hepática.
La posible implicación hepática en EM/SFC ha recibido recientemente apoyo en estudios de biomarcadores.
Mitocondrias y flexibilidad metabólica
La mitocondria determina en gran medida si una célula utiliza glucosa, ácidos grasos u otros sustratos para producir ATP.
Diferentes estudios de EM/SFC han encontrado anomalías en vías metabólicas relacionadas con lípidos, aminoácidos y metabolismo energético.
En Covid Persistente también se han propuesto alteraciones metabólicas y mitocondriales como posibles componentes fisiopatológicos.
Sin embargo, no está demostrado que la disfunción mitocondrial sea la causa de la resistencia a la insulina en estas enfermedades.
Es más correcto considerarlas procesos potencialmente interrelacionados.
5. Por qué puede existir un problema metabólico sin obesidad ni glucosa alta
La resistencia a la insulina no es exclusiva de las personas con obesidad.
Una persona relativamente delgada puede presentar:
- Resistencia a la insulina.
- Hiperinsulinemia.
- Grasa visceral.
- MASLD o hígado graso.
- Alteraciones de triglicéridos y HDL.
Esto puede ser especialmente relevante en EM/SFC y Covid Persistente porque algunos pacientes pierden peso y masa muscular debido a la enfermedad.
Y el músculo representa uno de los principales destinos de la glucosa después de una comida.
Por eso:
IMC normal ≠ metabolismo normal.
Del mismo modo:
glucosa normal ≠ insulina normal.
HOMA-IR
Una forma sencilla de aproximarse a la sensibilidad a la insulina consiste en combinar glucosa e insulina basales.
Cuando la glucosa se expresa en mg/dL:
HOMA-IR = glucosa × insulina / 405
Por ejemplo:
Glucosa: 90 mg/dL
Insulina: 5 µUI/mL
HOMA-IR ≈ 1,1
Frente a:
Glucosa: 90 mg/dL
Insulina: 20 µUI/mL
HOMA-IR ≈ 4,4
La glucosa es idéntica, pero la segunda persona necesita mucha más insulina para mantenerla.
No existe un punto de corte universal de HOMA-IR y debe interpretarse según población y contexto clínico.
Curva de glucosa e insulina
En algunas personas, la glucosa y la insulina basales pueden parecer relativamente normales y la alteración hacerse visible principalmente después de comer.
Por eso una curva de tolerancia oral a la glucosa acompañada de mediciones de insulina puede proporcionar información adicional en casos seleccionados.
Triglicéridos, HDL e hígado
Un patrón de:
triglicéridos elevados + HDL bajo
puede acompañar a la resistencia a la insulina.
También puede coexistir MASLD —enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica—, incluso sin obesidad marcada.
Las enzimas hepáticas pueden aportar pistas, pero valores normales de ALT, AST o GGT no descartan por completo hígado graso.
6. Un problema particular en EM/SFC: no podemos aplicar sin más la recomendación de “hacer más ejercicio”
En la población general, la actividad física mejora claramente la sensibilidad a la insulina.
Pero en EM/SFC existe una dificultad fundamental:
el malestar post-esfuerzo o PEM.
Incrementar indiscriminadamente la actividad puede provocar exacerbaciones prolongadas de los síntomas.
Por tanto, si una persona con EM/SFC presenta alteraciones metabólicas, las intervenciones deben adaptarse a su capacidad energética.
El objetivo no debería ser obligar al paciente a superar sus límites para mejorar la sensibilidad a la insulina.
Tendría más sentido considerar conjuntamente:
- Alimentación suficiente y nutricionalmente adecuada.
- Conservación de masa muscular dentro de la tolerancia individual.
- Sueño.
- Tratamiento de alteraciones metabólicas demostradas.
- Reducción de factores cardiometabólicos modificables.
- Actividad física únicamente dentro del límite que no desencadene PEM significativo.
7. Qué tendría sentido medir
No existe actualmente una recomendación para realizar estudios metabólicos avanzados a todas las personas con EM/SFC o Covid Persistente.
Pero cuando existen indicios de alteración metabólica podría resultar razonable valorar conjuntamente:
- Glucosa basal.
- HbA1c.
- Insulina basal.
- Triglicéridos.
- HDL y LDL.
- Presión arterial.
- Perímetro abdominal.
- ALT, AST y GGT.
Y, dependiendo del contexto:
- HOMA-IR.
- Curva de glucosa.
- Curva de insulina.
- Ecografía hepática u otras técnicas para valorar esteatosis.
La clave es no interpretar únicamente la glucosa.
Una persona puede mantener glucosa y HbA1c aparentemente normales gracias a una producción compensatoria elevada de insulina.
8. Qué sabemos y qué todavía no sabemos
Podemos resumir la evidencia actual de esta forma:
En EM/SFC se ha estudiado directamente
Sí:
- Síndrome metabólico.
- Metabolómica.
- Metabolismo de lípidos y ácidos grasos.
- Diferentes fenotipos metabólicos.
- AMPK en músculo.
- Captación de glucosa en células musculares.
- Biomarcadores compatibles con resistencia a la insulina.
- Biomarcadores relacionados con enfermedad hepática.
Todavía no está demostrado:
- Que la mayoría de pacientes tenga resistencia a la insulina.
- Que la mayoría presente síndrome metabólico.
- Que la resistencia a la insulina sea causa de EM/SFC.
- Que la alteración mitocondrial provoque directamente resistencia a la insulina.
- Que tratar la resistencia a la insulina mejore específicamente el PEM o cure la enfermedad.
En Covid Persistente se ha estudiado directamente
Sí:
- Resistencia a la insulina.
- HOMA-IR.
- Alteraciones del control glucémico.
- Dislipemia posterior a COVID.
- Relación entre inflamación y resistencia a la insulina.
Además, la infección aguda por SARS-CoV-2 se ha relacionado con resistencia a la insulina e hiperglucemia incluso en personas previamente no diabéticas.
Todavía no está demostrado:
- Que la resistencia a la insulina explique por sí misma el Covid Persistente.
- Que todas las personas con Covid Persistente desarrollen alteraciones metabólicas.
- Que corregir la insulinorresistencia elimine el síndrome post-COVID.
- Que exista una única secuencia causal común a todos los pacientes.
9. Conclusiones
La relación entre EM/SFC, Covid Persistente y metabolismo parece real, pero es más compleja que afirmar simplemente que estos pacientes padecen síndrome metabólico.
En EM/SFC existe evidencia de:
mayor asociación con síndrome metabólico + alteraciones metabolómicas y lipídicas + alteraciones de AMPK y captación muscular de glucosa + un perfil reciente de biomarcadores compatible con resistencia a la insulina y enfermedad hepática.
Pero todavía faltan grandes estudios que determinen la verdadera prevalencia de resistencia a la insulina y síndrome metabólico en EM/SFC.
En Covid Persistente, la evidencia es más directa: varios estudios han medido y encontrado resistencia a la insulina y grandes cohortes han demostrado un aumento de alteraciones metabólicas y dislipemia después de COVID.
Por tanto, conviene diferenciar tres niveles:
1. Alteración del metabolismo energético celular.
2. Resistencia a la insulina / hiperinsulinemia.
3. Síndrome metabólico clínico.
Pueden aparecer juntos, pero uno no implica necesariamente el siguiente.
Y probablemente uno de los mensajes clínicos más útiles sea este:
una glucosa y una HbA1c normales no garantizan que la regulación metabólica sea completamente normal.
En determinados pacientes puede ser necesario observar también insulina, líidos, hígado y composición corporal.
La pregunta relevante quizá no sea únicamente:
“¿Tiene síndrome metabólico?”
sino:
“¿Cómo está gestionando su organismo la glucosa, los lípidos y la energía?”
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