La fluvoxamina es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) que, además de su uso en psiquiatría, despertó interés durante la pandemia por sus posibles efectos antiinflamatorios, inmunomoduladores y de modulación del receptor sigma-1, una diana implicada en estrés celular, inflamación y señalización intracelular. Ese interés se centró primero en la COVID-19 aguda y, más tarde, en la posibilidad de que también pudiera ser útil en Covid Persistente.
En 2026 se publicó el ensayo más importante hasta la fecha sobre este tema: “The Effect of Fluvoxamine and Metformin for Fatigue in Patients With Long COVID: An Adaptive Randomized Trial”, en Annals of Internal Medicine. El estudio concluyó que fluvoxamina, pero no metformina, redujo la fatiga y mejoró la calidad de vida en personas con Covid Persistente y fatiga mantenida.

1. Por qué la fluvoxamina empezó a interesar en Covid Persistente
La fluvoxamina no se estudió por casualidad. Desde los primeros años de la pandemia se propuso que podía tener efectos biológicos relevantes más allá de su acción como antidepresivo. El principal argumento fue su actividad sobre el receptor sigma-1, una proteína implicada en la respuesta al estrés celular y la regulación inflamatoria. También se planteó que podía modular citoquinas y amortiguar parte de la disfunción inmunoinflamatoria relacionada con SARS-CoV-2.
Esa base mecanística hizo que se investigara primero en la fase aguda de COVID-19, donde se buscaba reducir progresión clínica e inflamación. Más adelante, el interés se desplazó hacia el Covid Persistente, sobre todo porque la fatiga es uno de sus síntomas más incapacitantes y porque no existen tratamientos farmacológicos bien establecidos para ella.

2. Qué evidencias había antes del estudio de 2026
Antes del ensayo de 2026, la evidencia era limitada e indirecta. Había sobre todo estudios y revisiones centrados en la COVID-19 aguda, no en pacientes con Covid Persistente ya establecido. Además, en ensayos previos de tratamiento temprano durante la fase aguda, la señal preventiva frente a Covid Persistente se observó con metformina, no con fluvoxamina. Por tanto, hasta 2026 no existía una demostración convincente de que la fluvoxamina sirviera para tratar la fatiga de pacientes que ya llevaban meses con síntomas persistentes.
Eso hace que el trabajo de 2026 tenga especial relevancia: no estudia prevención de secuelas, sino tratamiento directo de la fatiga en Covid Persistente.
3. El estudio de 2026: diseño y objetivos
El ensayo publicado en Annals of Internal Medicine fue un estudio aleatorizado, controlado con placebo y adaptativo, realizado en 22 centros ambulatorios de Brasil. Incluyó 399 adultos con Covid Persistente y fatiga persistente. Los participantes recibieron fluvoxamina 100 mg dos veces al día, metformina 750 mg dos veces al día o placebo durante 60 días.
El desenlace principal fue el cambio en la Fatigue Severity Scale (FSS). También se evaluó la calidad de vida, con seguimiento posterior hasta al menos el día 90.

4. Principales hallazgos
El hallazgo principal fue que la fluvoxamina mostró beneficio frente a placebo en la reducción de la fatiga. Según el estudio, la mejoría fue significativa a los 60 días, y además se observó una señal favorable mantenida a los 90 días. También hubo mejora en calidad de vida.
En cambio, metformina no mostró beneficio claro para tratar la fatiga ya establecida en esta cohorte. Esto resulta especialmente interesante porque contrasta con estudios previos en los que la metformina sí parecía reducir el riesgo de desarrollar Covid Persistente cuando se administraba muy pronto durante la fase aguda.

Además, una comunicación institucional del estudio señaló que la probabilidad de que fluvoxamina superara a placebo fue del 99%, lo que refuerza la solidez de la señal positiva observada.

5. Qué puede significar biológicamente este resultado
Aunque el estudio fue clínico y no mecanístico, sus resultados son compatibles con varias hipótesis biológicas. Una posibilidad es que la fluvoxamina ayude a reducir la fatiga mediante su acción sobre el receptor sigma-1, con efectos sobre estrés del retículo endoplásmico, señalización inflamatoria y homeostasis celular. Otra hipótesis es que influya en procesos de neuroinflamación o en alteraciones de la comunicación neuroinmune.
Sin embargo, esto sigue siendo una inferencia plausible, no una demostración directa del ensayo, porque el estudio no incluyó biomarcadores que permitieran identificar el mecanismo exacto del beneficio.

6. Por qué este estudio es importante
Este trabajo es importante por varias razones. Primero, aporta una de las primeras señales positivas en un ensayo aleatorizado para uno de los síntomas más invalidantes del Covid Persistente: la fatiga. Segundo, evalúa un fármaco ya conocido, relativamente barato y ampliamente disponible. Tercero, ayuda a separar dos preguntas que a menudo se mezclan: si un tratamiento sirve para prevenir Covid Persistente y si sirve para tratarlo una vez establecido. En este ensayo, la fluvoxamina aporta evidencia a favor de lo segundo.

7. Límites del estudio y qué no demuestra
Aun así, conviene interpretar los resultados con prudencia. El desenlace principal fue una escala autoinformada de fatiga, no una medida fisiológica objetiva. Además, el estudio no evaluó de forma amplia otras dimensiones clave del Covid Persistente, como malestar post-esfuerzo, disautonomía, POTS, deterioro cognitivo o biomarcadores inmunológicos y metabólicos.
Los expertos que comentaron el ensayo también señalaron que la población estudiada fue relativamente seleccionada y que se excluyeron algunos grupos clínicos, como pacientes con ciertos trastornos depresivos o de ansiedad, lo que limita la generalización de los resultados. Además, subrayaron que hace falta replicación en cohortes más amplias y con variables que capturen mejor todo el espectro del Covid Persistente.
Por tanto, el estudio no demuestra que la fluvoxamina cure el Covid Persistente ni que funcione en todos los pacientes. Tampoco demuestra que mejore necesariamente síntomas como la intolerancia ortostática, la niebla mental o el malestar post-esfuerzo. Lo que sí demuestra es algo más concreto: que en una muestra de pacientes con Covid Persistente y fatiga persistente, fluvoxamina redujo la fatiga y mejoró la calidad de vida frente a placebo durante el periodo evaluado.

8. Conclusión
La evidencia disponible hasta ahora sugiere que la fluvoxamina es una de las opciones farmacológicas más prometedoras estudiadas hasta la fecha para la fatiga en Covid Persistente. Su interés viene de años de hipótesis biológicas sobre inflamación, estrés celular y receptor sigma-1, pero el verdadero punto de inflexión ha sido el ensayo publicado en 2026 en Annals of Internal Medicine. Ese estudio aporta una señal clínica sólida de que la fluvoxamina puede reducir la fatiga y mejorar la calidad de vida en pacientes con Covid Persistente.
Al mismo tiempo, el trabajo deja claro que todavía estamos ante una línea de investigación en desarrollo. Hacen falta más ensayos, mejor fenotipado clínico y más biomarcadores para saber qué pacientes responden mejor, cuál es el mecanismo real del beneficio y hasta qué punto este efecto se extiende a otros síntomas del Covid Persistente.
Referencias
- Reis G, et al. The Effect of Fluvoxamine and Metformin for Fatigue in Patients With Long COVID: An Adaptive Randomized Trial. Annals of Internal Medicine, 2026. Ver estudio
- Summary for Patients: Fluvoxamine and Metformin for Fatigue in Patients With Long COVID. Annals of Internal Medicine, 2026. Ver resumen para pacientes
- Science Media Centre. Reacciones de expertos al estudio sobre fluvoxamina, metformina y fatiga en Covid Persistente. Ver análisis
- McMaster University. Comunicación institucional sobre los resultados del ensayo. Ver noticia

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