El Covid Persistente no parece ser una única enfermedad con una sola causa, sino un conjunto de síndromes postinfecciosos en los que pueden participar distintos mecanismos: persistencia viral, reactivación de herpesvirus, inflamación crónica, alteraciones vasculares, disautonomía, disfunción mitocondrial y, en algunos pacientes, autoinmunidad.

Un estudio publicado en Cell en 2026 aporta una pieza importante a este último punto: en un subgrupo de pacientes con Covid Persistente, los autoanticuerpos IgG no solo se asocian a síntomas neurológicos, sino que podrían contribuir directamente a causarlos.

El artículo se titula “A causal link between autoantibodies and neurological symptoms in long COVID” y está firmado por un amplio equipo de investigadores, entre ellos Keyla Santos Guedes de Sá, Akiko Iwasaki, David Putrino y colaboradores. El trabajo fue publicado inicialmente como preprint en medRxiv en 2024, pero posteriormente fue publicado como artículo revisado por pares en Cell en 2026.


1. Qué son los autoanticuerpos

Los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmunitario para reconocer virus, bacterias u otros elementos extraños. Sin embargo, en algunas situaciones el sistema inmune puede generar anticuerpos dirigidos contra componentes del propio organismo. A estos se les llama autoanticuerpos.

En enfermedades autoinmunes clásicas, como el lupus o la miastenia gravis, algunos autoanticuerpos tienen un papel conocido en la enfermedad. En Covid Persistente y EM/SFC, desde hace años se estudia si ciertos autoanticuerpos podrían alterar receptores, vasos sanguíneos, nervios periféricos o estructuras del sistema nervioso autónomo.

La pregunta clave no es solo si existen autoanticuerpos, sino si son realmente patogénicos. Es decir, si participan en la producción de síntomas o si simplemente aparecen como consecuencia secundaria de la inflamación.


2. Qué aporta este estudio

Lo más relevante del estudio es que intenta ir más allá de la asociación. Los investigadores analizaron autoanticuerpos en personas con Covid Persistente y evaluaron si esos anticuerpos podían tener efectos biológicos.

Para ello utilizaron varias técnicas, incluyendo inmunofluorescencia sobre tejidos, ELISA, arrays de proteínas humanas y espectrometría de masas. En uno de los análisis, usaron un panel con más de 21.000 proteínas humanas para buscar posibles dianas de los autoanticuerpos presentes en pacientes con Covid Persistente.

El hallazgo central fue que las personas con síntomas neurocognitivos y neurológicos presentaban más autoanticuerpos dirigidos contra proteínas del sistema nervioso central y sistema nervioso periférico.

Esto ya sería importante, pero el estudio fue más allá.


3. La parte más importante: transferencia de IgG a ratones

El punto más potente del trabajo es que los investigadores purificaron IgG —un tipo principal de anticuerpo— de pacientes con Covid Persistente y la transfirieron a ratones sanos.

Esto se conoce como un experimento de transferencia pasiva. Es una forma de comprobar si los anticuerpos de un paciente pueden transmitir o reproducir parte del fenotipo en un animal.

Según el estudio, la IgG de pacientes con Covid Persistente reaccionaba con tejidos humanos y también con tejidos de ratón, incluyendo estructuras relacionadas con el sistema nervioso. Además, determinados patrones de reactividad se asociaban con síntomas neurológicos concretos.

Cuando estos anticuerpos se administraban a ratones, podían inducir alteraciones compatibles con síntomas neurológicos, especialmente dolor y sensibilización. Esto apoya la idea de que, al menos en un subgrupo de pacientes, los autoanticuerpos podrían actuar como un mecanismo causal y no solo como un marcador asociado.


4. Qué síntomas se relacionaron con estos autoanticuerpos

El estudio se centra sobre todo en síntomas neurológicos y neurocognitivos. Entre los síntomas más relevantes estarían la niebla mental, la cefalea, las alteraciones de memoria, el mareo, los trastornos del sueño y el dolor crónico de nueva aparición.

Este último punto es especialmente importante: el dolor, la hipersensibilidad, la cefalea, el mareo y la disautonomía son síntomas frecuentes tanto en Covid Persistente como en EM/SFC.

El estudio no demuestra que todos estos síntomas sean siempre autoinmunes, ni que todos los pacientes con Covid Persistente tengan autoanticuerpos patogénicos. Más bien apunta a la existencia de un subgrupo autoinmune o neuroinmune dentro del Covid Persistente.


5. Por qué la palabra “causal” es importante

Muchos estudios previos habían encontrado autoanticuerpos en Covid Persistente. El problema era interpretar su significado. Podían ser una consecuencia de la infección, una huella inmunológica, un fenómeno secundario o una señal sin relevancia clínica directa.

Este estudio cambia parcialmente el nivel de evidencia porque muestra que la IgG de algunos pacientes puede reproducir alteraciones en animales. Eso no prueba que todo el Covid Persistente sea autoinmune, pero sí refuerza la idea de que, en algunos pacientes, los anticuerpos pueden participar activamente en los síntomas.

Por eso el título habla de un “vínculo causal”.

La diferencia es importante:

  • Asociación: los autoanticuerpos aparecen junto a los síntomas.
  • Causalidad parcial: los autoanticuerpos pueden contribuir a producir esos síntomas.

Este estudio se acerca más a la segunda opción.


6. Qué implicaciones tiene para el tratamiento

Si un subgrupo de Covid Persistente está impulsado por autoanticuerpos patogénicos, eso podría abrir la puerta a tratamientos dirigidos contra la IgG o contra la producción de autoanticuerpos.

Entre las estrategias que se están considerando en este campo están la inmunoglobulina intravenosa, la plasmaféresis, la inmunoadsorción, los inhibidores de FcRn o terapias dirigidas a células B.

Sin embargo, esto no significa que estos tratamientos estén indicados de forma generalizada para todos los pacientes. La propia heterogeneidad del Covid Persistente obliga a identificar mejor qué pacientes tienen un perfil autoinmune dominante.

Esto es clave: si se aplican tratamientos inmunológicos a pacientes no seleccionados, los resultados pueden parecer inconsistentes. En cambio, si se identifican subgrupos concretos mediante biomarcadores, es más probable que algunos tratamientos funcionen en quienes realmente tienen ese mecanismo activo.


7. Relación con EM/SFC

Aunque el estudio se centra en Covid Persistente, sus implicaciones son relevantes para la EM/SFC. Ambas enfermedades comparten rasgos postinfecciosos, síntomas neurológicos, disautonomía, intolerancia al esfuerzo, alteraciones inmunológicas y, en algunos casos, sospecha de autoinmunidad funcional.

En EM/SFC se han estudiado autoanticuerpos frente a receptores autonómicos, como receptores beta-adrenérgicos y muscarínicos, así como posibles alteraciones en la señalización vascular, inmune y neuroendocrina.

Este nuevo trabajo no demuestra que el mismo mecanismo ocurra en EM/SFC, pero sí refuerza el marco conceptual: una infección puede desencadenar una respuesta inmunitaria anómala capaz de afectar al sistema nervioso.

Esto encaja con la idea de que algunas formas de Covid Persistente y EM/SFC podrían compartir mecanismos, aunque no todos los pacientes tengan el mismo origen ni la misma vía patológica dominante.


8. Estudios similares: autoanticuerpos, IgG y síntomas neurológicos en Covid Persistente

Este estudio de Cell no aparece aislado. En los últimos años se han publicado varios trabajos que apuntan en una dirección parecida: en una parte de los pacientes con Covid Persistente, los autoanticuerpos podrían contribuir a síntomas neurológicos, dolor, disautonomía o alteraciones vasculares.

Uno de los estudios más similares es el de Chen y colaboradores, publicado en Cell Reports Medicine en 2026. En este trabajo, los investigadores transfirieron IgG de pacientes con Covid Persistente a ratones y observaron que los animales desarrollaban hipersensibilidad mecánica persistente, compatible con síntomas de dolor. Además, cuando se usó IgG obtenida dos años después de los mismos pacientes que seguían sintomáticos, el efecto volvió a reproducirse, lo que sugiere una actividad patogénica estable en el tiempo.

Otro estudio relevante es el de Mignolet y colaboradores, publicado en Acta Neuropathologica en 2026. Este trabajo también analizó la transferencia de IgG de pacientes con Covid Persistente y secuelas neurológicas a ratones. Según la información disponible, estos anticuerpos desencadenaron alteraciones sensoriales, pero no alteraciones cognitivas claras en el modelo animal.

Otra línea de investigación se centra en los autoanticuerpos funcionales frente a receptores acoplados a proteína G, conocidos como autoanticuerpos anti-GPCR. Estos receptores incluyen dianas relacionadas con el sistema nervioso autónomo, la vasorregulación y la microcirculación, como receptores adrenérgicos, muscarínicos, angiotensina II o endotelina.

En 2025, Hofmann y colaboradores estudiaron autoanticuerpos funcionales frente a GPCR en una cohorte de pacientes con Covid Persistente y analizaron su relación con el fenotipo clínico. Este tipo de trabajos son relevantes porque no se limitan a detectar autoanticuerpos “presentes o ausentes”, sino que intentan relacionarlos con síntomas concretos y con posibles vías funcionales alteradas.

En conjunto, estos estudios apuntan a una idea importante: el Covid Persistente no tendría un único mecanismo autoinmune, sino varios posibles perfiles. En algunos pacientes podrían predominar autoanticuerpos dirigidos contra tejido nervioso; en otros, autoanticuerpos funcionales contra receptores autonómicos o vasculares; y en otros, la autoinmunidad podría coexistir con persistencia viral, reactivación de herpesvirus, inflamación, microcoágulos o disfunción endotelial.

La aportación diferencial del estudio de Cell es que combina varias capas de evidencia: detección de autoanticuerpos, reactividad contra tejido nervioso, asociación con síntomas neurológicos y transferencia de IgG a animales. Por eso es especialmente relevante: ayuda a pasar de la pregunta “¿hay autoanticuerpos en Covid Persistente?” a una pregunta más importante: ¿en qué pacientes esos autoanticuerpos son realmente patogénicos?


9. Un modelo más amplio: no todo es autoinmunidad

Es importante no interpretar este estudio de forma reduccionista. El Covid Persistente probablemente no se explica solo por autoanticuerpos.

En un mismo paciente pueden coexistir varias capas:

  • Persistencia viral o restos virales.
  • Reactivación de herpesvirus.
  • Inflamación de bajo grado.
  • Disautonomía.
  • Alteraciones endoteliales y microvasculares.
  • Cambios en coagulación o fibrinólisis.
  • Disfunción mitocondrial.
  • Autoanticuerpos funcionales.

La autoinmunidad podría ser una de las piezas, especialmente en pacientes con síntomas neurológicos prominentes, dolor, cefalea, disautonomía o hipersensibilidad. Pero no excluye otros mecanismos. De hecho, una infección persistente o una inflamación mantenida podrían favorecer la aparición o persistencia de autoanticuerpos.

Esto es especialmente relevante en enfermedades postinfecciosas complejas, donde un mismo desencadenante inicial puede activar varias vías a la vez: inmunidad antiviral, daño endotelial, activación mastocitaria, disautonomía, alteraciones metabólicas y autoinmunidad funcional.


10. Conclusión

Este estudio publicado en Cell es importante porque aporta evidencia de que los autoanticuerpos IgG pueden tener un papel causal en un subgrupo de pacientes con Covid Persistente.

La transferencia de IgG de pacientes a ratones sanos y la aparición de alteraciones neurológicas en los animales refuerzan la hipótesis de que, en algunos casos, el Covid Persistente puede comportarse como una enfermedad neuroinmune con componente autoinmune.

El hallazgo no significa que todos los pacientes tengan el mismo mecanismo, ni que todos deban recibir tratamientos inmunológicos. Pero sí marca una dirección clara: el futuro del Covid Persistente y posiblemente de la EM/SFC pasa por identificar subgrupos biológicos y diseñar tratamientos dirigidos según el mecanismo predominante.

En otras palabras, este estudio acerca el campo a una medicina más precisa: no tratar “Covid Persistente” como una etiqueta única, sino distinguir qué pacientes tienen persistencia viral, qué pacientes tienen disautonomía predominante, qué pacientes tienen alteraciones vasculares y qué pacientes tienen una firma autoinmune capaz de explicar parte de sus síntomas neurológicos.

La idea principal sería esta: en algunos pacientes, los autoanticuerpos no son solo una consecuencia de la infección, sino una posible causa parcial de los síntomas neurológicos persistentes.


Bibliografía

  1. Santos Guedes de Sá K, Silva J, Bayarri-Olmos R, et al. A causal link between autoantibodies and neurological symptoms in long COVID. Cell. 2026. doi: 10.1016/j.cell.2026.04.042. Ver en PubMed
  2. Santos Guedes de Sá K, et al. A causal link between autoantibodies and neurological symptoms in long COVID. medRxiv. 2024. Preprint previo a la publicación en Cell. doi: 10.1101/2024.06.18.24309100. Ver preprint en medRxiv
  3. Chen H-J, Appelman B, Willemen HLDM, et al. Transfer of IgG from long COVID patients induces symptomology in mice. Cell Reports Medicine. 2026. doi: 10.1016/j.xcrm.2026.102693. Ver en PubMed
  4. Mignolet M, Deroux C, Florkin T, et al. Pathogenic IgG from long COVID patients with neurological sequelae triggers sensitive but not cognitive impairments upon transfer into mice. Acta Neuropathologica. 2026;151(1). doi: 10.1007/s00401-026-03019-0. Ver referencia
  5. Hofmann S, et al. Functional Autoantibodies Targeting G-Protein-Coupled Receptors and Their Clinical Phenotype in Patients with Long-COVID. International Journal of Molecular Sciences. 2025;26(14):6746. Ver en PubMed
  6. RECOVER COVID Initiative. A causal link between autoantibodies and neurological symptoms in long COVID. Resumen del estudio publicado en Cell. Ver resumen

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