La encefalomielitis miálgica / síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) se ha intentado explicar durante años desde modelos parciales (descondicionamiento, causas psicológicas, “mitocondria rota”, inflamación inespecífica).

Un estudio reciente en Cell Reports Medicine (Heng, 2025) aporta una lectura integrada: en EM/SFC coexisten alteraciones del metabolismo energético, cambios inmunológicos y señales plasmáticas asociadas a disfunción vascular.

Este artículo resume los hallazgos técnicos y propone tratamientos por ejes fisiopatológicos, priorizando intervenciones con mayor plausibilidad biológica y experiencia clínica.


Qué analizó el estudio (diseño y enfoque)

  • Muestra: 61 personas con EM/SFC y 61 controles sanos, emparejados por edad y sexo.
  • Capas analíticas:
    • Metabolismo energético en células mononucleares de sangre periférica (PBMCs).
    • Inmunofenotipado por citometría de flujo (subpoblaciones de T, NK y otras).
    • Proteómica plasmática (proteínas circulantes relacionadas con vías vasculares e inmunes).
    • Modelos multivariables para identificar combinaciones de marcadores que diferencien casos de controles.

El valor principal de este enfoque es que no busca “el biomarcador único”, sino un patrón sistémico (energía + inmune + vascular), más coherente con una enfermedad compleja y heterogénea.


1) Hallazgo técnico 1: señales de estrés energético celular (ATP/ADP)

En PBMCs, las personas con EM/SFC muestran un patrón compatible con estrés energético:

  • ↑ AMP y ↑ ADP: AMP (Adenosin Monofosfato) y ADP (Adenosin Difosfato) aumentan cuando la ATP (Adenosin Trifosfato) se ha consumido. ATP es la molécula que suministra de energía inmediata en todas las funciones celulares.
  • ↓ ratio ATP/ADP: hay poco ATP (energía utilizable) en relación con ADP (energía ya gastada).

Interpretación fisiopatológica plausible:

  • La célula entra en un estado de déficit energético crónico (no mantiene ATP estable).
  • Es probable la activación sostenida de sensores como AMPK (Proteína Quinasa activada por AMP), con un “modo ahorro” persistente.
  • Este patrón encaja con la idea de que la mitocondria puede estar funcionando en un entorno adverso (hipoperfusión, inflamación, estrés oxidativo, disfunción endotelial), más que una lesión mitocondrial aislada.

2) Hallazgo técnico 2: cambios inmunológicos consistentes con disfunción/agotamiento

El estudio reporta reducciones en subpoblaciones de células inmunes que suelen asociarse a respuesta antiviral, maduración efectora o vigilancia inmunológica:

  • ↓ células NK maduras
  • ↓ T CD8+ TEMRA (población efectora terminal)
  • ↓ células dendríticas convencionales

Lectura integrada:

  • Puede reflejar activación crónica con agotamiento funcional (immune exhaustion).
  • Podría favorecer mala resolución de desencadenantes (p. ej., reactivaciones virales en subgrupos) y perpetuar inflamación de bajo grado.
  • El sistema inmune consume energía: un estado de activación/agotamiento sostenido es coherente con el hallazgo metabólico (ATP/ADP).

3) Hallazgo técnico 3: firma plasmática compatible con disfunción vascular

La proteómica plasmática identificó elevaciones de proteínas asociadas a vías de:

  • Coagulación
  • Adhesión celular
  • Reactividad vascular / endotelial
  • Respuesta al estrés y remodelado tisular

Aunque el estudio puede no etiquetarlo explícitamente como “hipoxia microvascular”, la combinación de: señal pro-trombótica + endotelial + estrés energético encaja con un modelo donde la limitación principal no es el oxígeno “en sangre”, sino la entrega efectiva de oxígeno y sustratos a nivel capilar.


4) Conclusión interpretativa: el problema no es solo “energía”, es “entorno”

Una síntesis razonable de los resultados es: En EM/SFC puede existir un fallo energético funcional sostenido, impulsado por un estado inmune alterado y una disfunción vascular (especialmente microcirculatoria), que impiden una perfusión y utilización metabólica óptimas.

Esto ayuda a explicar por qué muchos pacientes no mejoran simplemente con suplementos “mitocondriales” aislados, y por qué estrategias enfocadas en microflujo/endotelio a veces producen mejoras más amplias (energía, cognición, tolerancia ortostática, PEM) cuando el subgrupo es adecuado.


6) Propuesta terapéutica por ejes (de mayor a menor probabilidad de impacto sistémico)

A continuación se listan opciones por eje con un enfoque práctico: objetivo → mecanismos → opciones. Esto no sustituye criterio clínico ni evaluación de riesgos (especialmente con fármacos antiagregantes/anticoagulantes).

Eje A (prioritario): Microcirculación, endotelio, reología y microcoagulación

Objetivo: mejorar perfusión capilar, reducir obstrucción microvascular, estabilizar función endotelial y tono vascular.

A1) Fármacos con potencial alto (requieren supervisión)

  • Heparina de bajo peso molecular (HBPM) (uso fuera de indicación en ciertos enfoques clínicos)
    • Racional: anticoagulación, posible impacto en microcoágulos y perfusión capilar.
    • Precauciones: riesgo de sangrado, interacciones, necesidad de selección de pacientes y seguimiento.
  • Dipiridamol
    • Racional: antiagregante + mejora de microflujo; modulación de adenosina con efectos vasculares/endoteliales.
    • Precauciones: cefalea/vasodilatación, hipotensión en algunos perfiles, interacciones con otros antiagregantes.
  • Sulodexida
    • Racional: soporte endotelial y del glicocálix; efecto antitrombótico suave y mejora de reología.
    • Precauciones: evaluar sangrado si se combina con otros fármacos pro-hemorrágicos.

A2) Optimización de reología sanguínea

  • Pentoxifilina
    • Racional: mejora deformabilidad eritrocitaria y microcirculación; reduce viscosidad.
    • Precauciones: tolerancia variable; en algunos casos efectos adversos o empeoramiento subjetivo. Puede disminuir dramáticamente las células Natural Killer y comprometer al sistema inmune si se está ante una infección (muy habitual en EM/SFC con reactivaciones de herpesvirus).

A3) Antiagregantes clásicos (subgrupos)

  • Ácido Acetil Salicílico (aspirina a baja dosis)
  • Clopidogrel

Nota: útiles en determinados perfiles, pero su potencia sobre microflujo puede ser inferior a estrategias combinadas o a dipiridamol/sulodexida.

A4) Enzimas fibrinolíticas y soporte (complementarios)

  • Lumbrokinasa, nattokinasa, serrapeptasa (según tolerancia)
  • Hidratación adecuada y corrección de hipovolemia funcional (si existe)

Nota: pueden ser útiles como adyuvantes, pero no equivalen a anticoagulantes farmacológicos en potencia ni en evidencia.

A5) Soporte endotelial (nutricional / nutracéutico)

  • L-citrulina / L-arginina (vía NO)
  • Nitratos dietéticos (p. ej., extracto de remolacha) si se toleran
  • Polifenoles (resveratrol, quercetina; preferible biodisponibles)
  • Omega-3 (EPA alto) por su perfil vascular y antiinflamatorio
  • Vitamina C (en dosis prudentes) como soporte de barrera endotelial y antioxidante

Eje B: Inflamación neuro-inmune y “agotamiento” funcional

Objetivo: reducir activación crónica sin inmunosupresión, apoyar microglía y modular dolor/hipersensibilidad.

  • PEA (palmitoiletanolamida)
    • Racional: modulador neuroinflamatorio; perfil de tolerancia generalmente favorable.
  • LDN (naltrexona a baja dosis)
    • Racional: modulación microglial e inflamación de bajo grado; algunos pacientes notan mejoría en dolor, sueño y PEM.
    • Nota: respuesta suele ser lenta (semanas).
  • Omega-3 (como puente vascular + inmunomodulación)
  • Curcumina biodisponible (adyuvante antiinflamatorio crónico)

Precaución general: estrategias inmunosupresoras “fuertes” (p. ej., corticoides sistémicos prolongados) suelen ser poco útiles a medio plazo en EM/SFC, salvo indicaciones claras y bien monitorizadas.


Eje C: Soporte energético (cuando el entorno lo permite)

Objetivo: aumentar eficiencia de producción/uso de ATP y capacidad de buffer energético.

C1) Núcleo “mitocondrial funcional” (mejor en combinación)

  • NADH (más “rescate” energético) que NAD (más a largo plazo)
  • Coenzima Q10 (preferible ubiquinol, su forma activa, si hay mala conversión)
  • Creatina (buffer energético)
  • D-ribosa (apoyo a nucleótidos/ATP; tolerancia variable)

C2) Enfoque NAD+ (más “reparación” a medio plazo)

  • NMN o NR (precursor de NAD+)

Idea práctica: en perfiles con sospecha de limitación por perfusión/microflujo, suele tener más sentido priorizar primero la corrección del entorno vascular (Eje A) y usar soporte energético como complemento, no como eje central.


Eje D: Disautonomía e hipoperfusión cerebral

Objetivo: estabilizar respuesta cardiovascular, reducir taquicardia ineficiente y mejorar retorno venoso.

  • Ivabradina (en taquicardia sinusal inapropiada/POTS seleccionado. Cuidado si la arritmia es compensatoria puede empeorar la disautonomía).
  • Midodrina (si hipotensión ortostática marcada y perfil compatible)
  • Compresión (abdominal y/o medias según tolerancia)
  • Ejercicio adaptado (preferible en decúbito/agua; evitando PEM)
  • Dipiridamol (puede cruzar ejes: perfusión cerebral + microflujo)

Eje E: Reactivación/infección persistente (solo subgrupos)

Objetivo: reducir carga/reactivación en pacientes con evidencia objetiva.

  • Antivirales (p. ej., valaciclovir/valganciclovir) si hay criterios clínicos y analíticos consistentes.

Nota: no es un eje universal y debe individualizarse; en algunos casos, tratar el eje vascular/inmune mejora síntomas incluso sin intervención antiviral.


7) Ranking terapéutico resumido

  1. Microcirculación/endotelio: HBPM (seleccionado), dipiridamol, sulodexida, pentoxifilina (según tolerancia), antiagregantes.
  2. Modulación neuro-inmune: PEA, LDN, omega-3, curcumina (adyuvante).
  3. Soporte energético: NADH, CoQ10, creatina, ribosa), y luego NMN/NR como consolidación.
  4. Disautonomía/perfusión cerebral: ivabradina/midodrina (perfiles), compresión, estrategias físicas seguras.
  5. Antivirales: solo subgrupos con evidencia objetiva de reactivación/persistencia.

8) Qué sugiere evitar el estudio (o no priorizar)

  • Interpretar la EM/SFC como descondicionamiento o problema primariamente psicológico.
  • “Empujar” el sistema con ejercicio sin control: riesgo de PEM.
  • Depender exclusivamente de suplementos energéticos sin abordar perfusión/inflamación: suele producir resultados pobres.

9) Conclusión

El estudio respalda una visión robusta: la EM/SFC es un trastorno sistémico donde convergen estrés energético, disfunción inmune y señales de disfunción vascular. En esta lectura, el objetivo terapéutico más lógico no es “estimular”, sino restaurar condiciones: perfusión capilar, función endotelial, control de inflamación de bajo grado y soporte energético cuando el entorno ya permite producir ATP con eficiencia.


10) BIBLIOGRAFÍA

Heng B, et al.
Mapping the complexity of chronic fatigue syndrome/myalgic encephalomyelitis: Evidence of abnormal energy metabolism, altered immune profile and vascular dysfunction.
Cell Reports Medicine. 2025;6(12):102514.
https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2025.102514


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *