Un estudio publicado en abril de 2026 en Frontiers in Endocrinology ha identificado alteraciones de la osmolalidad sanguínea y urinaria en diez pacientes con COVID persistente. Los resultados plantean la posibilidad de que los mecanismos de regulación del agua corporal, incluida la vasopresina (ADH), estén implicados en algunas manifestaciones de la enfermedad.

La investigación, realizada por Helena Huhmar y colaboradores, encontró que todos los participantes presentaban alguna alteración de la osmolalidad sanguínea, urinaria o ambas, según los valores de referencia utilizados.

El trabajo resulta especialmente interesante por su relación con otra investigación del mismo equipo, publicada inicialmente en diciembre de 2025, que describió concentraciones anormalmente bajas de vasopresina en pacientes con encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC).

Aunque ambos estudios apuntan hacia posibles alteraciones de la regulación hídrica, existe una diferencia fundamental: el estudio de 2026 sobre COVID persistente no midió directamente la vasopresina, por lo que sus resultados no permiten confirmar una deficiencia de esta hormona.


1. ¿Qué es el equilibrio hídrico y qué relación tiene con la vasopresina?

El equilibrio hídrico es el conjunto de mecanismos fisiológicos que permiten al organismo regular la cantidad de agua que conserva y elimina.

Una de sus principales hormonas reguladoras es la vasopresina, también denominada hormona antidiurética (ADH).

La vasopresina se sintetiza en el hipotálamo y se libera desde la hipófisis posterior. Su principal función renal consiste en favorecer la reabsorción de agua, permitiendo producir una orina más concentrada.

En condiciones normales, cuando aumenta la osmolalidad sanguínea, es decir, la concentración de partículas disueltas en la sangre, se estimula la liberación de vasopresina.

Esta hormona actúa sobre los riñones para reducir las pérdidas de agua y contribuir a restablecer el equilibrio.

Cuando este sistema funciona de manera inadecuada, pueden aparecer diversas manifestaciones:

  • Poliuria: producción excesiva de orina.
  • Polidipsia: sed excesiva o necesidad de beber grandes cantidades de líquidos.
  • Nicturia: necesidad de despertarse durante la noche para orinar.
  • Alteraciones de la osmolalidad: cambios en la concentración de partículas presentes en sangre y orina.
  • Hipovolemia: disminución del volumen sanguíneo circulante, que puede aparecer en determinadas situaciones de pérdida de líquidos.

No obstante, estas manifestaciones no son exclusivas de las alteraciones de la vasopresina. También pueden estar relacionadas con enfermedades renales, alteraciones metabólicas, medicamentos y otros mecanismos fisiológicos.


2. ¿Cómo se realizó el estudio sobre COVID persistente?

Huhmar y colaboradores analizaron una serie de diez pacientes con COVID persistente atendidos en una clínica especializada de rehabilitación neurológica en Estocolmo, Suecia.

Los participantes fueron evaluados entre octubre de 2024 y febrero de 2025.

La muestra estaba formada por cinco mujeres y cinco hombres, con una edad media de 44 años. Todos habían desarrollado síntomas persistentes después de una infección por SARS-CoV-2, con una duración de entre uno y cinco años y medio.

Los investigadores recopilaron información sobre síntomas, función física, calidad de vida, capacidad laboral y antecedentes clínicos.

Además, realizaron mediciones de laboratorio después de diez horas de restricción hídrica nocturna y ayuno.

Tras este periodo, los pacientes proporcionaron muestras de sangre y orina para medir:

  • Osmolalidad sanguínea.
  • Osmolalidad urinaria.
  • Sodio y potasio sanguíneos.
  • Glucosa sanguínea.

Este procedimiento permitió evaluar la concentración de la sangre y de la orina después de varias horas sin ingesta de líquidos.

Sin embargo, no equivalía a una prueba diagnóstica completa de privación hídrica para investigar diabetes insípida, ya que no incluía la monitorización seriada y las evaluaciones hormonales necesarias para establecer ese diagnóstico.


3. Principales resultados: alteraciones de la osmolalidad en el 100% de los participantes

El hallazgo más destacado fue que los diez participantes presentaron alteraciones de la osmolalidad sanguínea, urinaria o ambas.

El 90% tenía una osmolalidad sanguínea elevada

Nueve de los diez pacientes presentaron una osmolalidad sanguínea superior al intervalo de referencia utilizado en el estudio.

El valor medio fue de 298 ± 4 mOsm/kg, frente al intervalo de referencia de 285–292 mOsm/kg.

Una osmolalidad elevada indica una mayor concentración de partículas disueltas en la sangre.

Esta concentración depende de diferentes factores, principalmente del sodio, la glucosa y la urea, así como de la cantidad de agua presente en el organismo.

El 70% presentó una osmolalidad urinaria inferior a la referencia

Siete de los diez pacientes mostraron una osmolalidad urinaria inferior al valor de referencia establecido por los investigadores.

La media fue de 707 ± 149 mOsm/kg, mientras que el estudio utilizó como referencia un valor superior a 750 mOsm/kg.

Este resultado resulta interesante porque, tras un periodo prolongado sin beber líquidos, normalmente se espera que los riñones concentren la orina para conservar agua.

Sin embargo, es importante señalar que una osmolalidad urinaria inferior a 750 mOsm/kg no constituye, por sí sola, un diagnóstico de alteración de la vasopresina.

La interpretación depende de la osmolalidad plasmática, las concentraciones de sodio, el contexto clínico y las condiciones de la prueba.

El 70% comunicó poliuria y/o polidipsia

Siete participantes refirieron producción excesiva de orina, sed excesiva o ambas manifestaciones.

Este hallazgo coincide con la hipótesis de que determinados pacientes con COVID persistente podrían experimentar alteraciones en los mecanismos que regulan la conservación de agua.

No obstante, los investigadores no documentaron de forma sistemática la producción de orina durante 24 horas para confirmar objetivamente la poliuria en todos los casos.

Los pacientes con ambas alteraciones presentaban mayor afectación clínica

Seis participantes presentaron simultáneamente osmolalidad sanguínea elevada y osmolalidad urinaria inferior a la referencia.

Estos pacientes mostraron peores resultados clínicos que los cuatro participantes que presentaban una sola alteración.

IndicadorAmbas alteracionesUna sola alteración
Número de pacientes64
Función física, escala 0–1003463
Gravedad global de síntomas, escala 0–493724

En la escala de función física, los valores más bajos indican mayores limitaciones. Por el contrario, en la escala de síntomas, las puntuaciones más altas reflejan mayor gravedad.

Los resultados sugieren una posible relación entre las alteraciones del equilibrio hídrico y la afectación clínica.

Sin embargo, debido al pequeño tamaño de la muestra, los investigadores no pudieron establecer diferencias estadísticamente concluyentes.

¿Presentaban estas alteraciones antes de desarrollar COVID persistente?

Los investigadores también revisaron analíticas históricas para estimar la osmolalidad sanguínea de los participantes antes de desarrollar COVID persistente.

Los valores calculados a partir del sodio y la glucosa no mostraron alteraciones relevantes en los registros anteriores a 2020 disponibles.

Este hallazgo plantea la posibilidad de que las alteraciones observadas posteriormente sean adquiridas y estén relacionadas temporalmente con la enfermedad.

Sin embargo, existe una limitación importante: los investigadores no disponían de valores históricos de urea, por lo que las estimaciones no representan mediciones completas de la osmolalidad sanguínea.

Además, comparar valores históricos calculados con mediciones directas posteriores introduce diferencias metodológicas que impiden atribuir los cambios exclusivamente a la infección por SARS-CoV-2.


4. ¿Podría estar implicada la vasopresina en el COVID persistente?

Una de las principales hipótesis planteadas por los autores es que los resultados puedan estar relacionados con una regulación inadecuada de la vasopresina.

En condiciones fisiológicas normales, un aumento de la osmolalidad sanguínea estimula la liberación de esta hormona, que favorece la reabsorción renal de agua.

Por ello, encontrar una osmolalidad sanguínea elevada acompañada de una concentración urinaria relativamente baja plantea interrogantes sobre el funcionamiento de los mecanismos de regulación hídrica.

Entre las posibles explicaciones se encuentran:

  • Una secreción insuficiente de vasopresina en relación con las necesidades fisiológicas.
  • Una respuesta renal disminuida a esta hormona.
  • Alteraciones de los mecanismos que regulan la sed y la ingesta de agua.
  • Otros factores metabólicos, renales o farmacológicos capaces de modificar la osmolalidad.

El estudio no incluyó mediciones directas de vasopresina ni de copeptina, un marcador que puede utilizarse para evaluar indirectamente la secreción de esta hormona.

Por tanto, no permite identificar cuál de estos mecanismos explica los resultados observados.

Los autores consideran que futuras investigaciones deberían incorporar mediciones hormonales y una evaluación más completa de los factores que determinan el equilibrio hídrico.


5. Relación con la EM/SFC: ¿qué descubrió el estudio anterior sobre vasopresina?

La investigación de 2026 se relaciona con un trabajo previo de Huhmar y colaboradores titulado Low Vasopressin in Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome.

Este artículo se publicó electrónicamente el 29 de diciembre de 2025 y posteriormente apareció en el volumen de junio de 2026 de Endocrine Practice.

En esa investigación se evaluaron 124 pacientes con EM/SFC después de diez horas de ayuno y restricción hídrica nocturna.

Los principales resultados fueron:

  • 57,3% (71/124): osmolalidad plasmática superior a 292 mOsm/kg.
  • 66,1% (82/124): osmolalidad urinaria inferior a 750 mOsm/kg.
  • 82% (91/111): concentraciones de vasopresina inferiores al límite de detección, según el resumen del estudio. No obstante, otra sección de los resultados presenta 86/111 (77,5%).
  • 9,9% (11/111): concentraciones de vasopresina consideradas apropiadas para su osmolalidad plasmática.

Los 13 participantes evaluados mediante copeptina presentaron concentraciones dentro del intervalo de referencia, aunque en la mayoría se situaban en su parte inferior.

Los autores interpretaron estos hallazgos como compatibles con una posible alteración de la regulación de la vasopresina en una parte de los pacientes con EM/SFC.

Sin embargo, los resultados de copeptina, las diferencias entre los métodos de medición y las limitaciones del estudio obligan a interpretar esta hipótesis con prudencia.

En particular, encontrar concentraciones bajas o indetectables de vasopresina no equivale automáticamente a diagnosticar una deficiencia hormonal, ya que es necesario interpretar los valores en relación con el estímulo osmótico y las características del método analítico.

Comparación entre ambos estudios

CaracterísticaEM/SFCCOVID persistente
Publicación inicial20252026
Participantes evaluados12410
Restricción hídrica10 horas10 horas
Osmolalidad sanguínea elevada57,3%90%
Osmolalidad urinaria inferior a referencia66,1%70%
Vasopresina medidaSí, en 111 pacientesNo
Copeptina medidaSí, en 13 pacientesNo
Principal hallazgoVasopresina frecuentemente bajaAlteraciones de la osmolalidad

Las diferencias porcentuales deben interpretarse con cautela, especialmente porque el estudio sobre COVID persistente incluyó únicamente diez participantes.

Además, ninguno de los dos trabajos permite concluir que estos hallazgos sean universales ni específicos de estas enfermedades.

En conjunto, ambas investigaciones apoyan la necesidad de estudiar con mayor profundidad la regulación neuroendocrina del agua en la EM/SFC y el COVID persistente.


6. ¿Qué relación podrían tener estas alteraciones con la disautonomía y la hipovolemia?

La disautonomía es una manifestación frecuente tanto en la EM/SFC como en el COVID persistente.

Puede producir síntomas como taquicardia ortostática, mareos, palpitaciones e intolerancia a permanecer de pie.

Uno de los factores que influyen en la regulación cardiovascular es el volumen sanguíneo circulante.

Cuando este volumen disminuye, puede resultar más difícil mantener un retorno venoso adecuado al corazón durante la bipedestación.

En algunas personas, el organismo responde incrementando la frecuencia cardíaca para compensar estas alteraciones.

Por este motivo, una regulación inadecuada de los mecanismos que permiten conservar agua podría contribuir potencialmente a determinados síntomas de intolerancia ortostática.

Esta hipótesis adquiere interés porque investigaciones anteriores han identificado hipovolemia en algunos pacientes con EM/SFC.

Sin embargo, el estudio de Huhmar de 2026 no midió directamente el volumen sanguíneo circulante ni estableció una relación causal entre las alteraciones de osmolalidad y los síntomas autonómicos.

Por tanto, la posible conexión entre vasopresina, hipovolemia y disautonomía continúa siendo una línea de investigación, no un mecanismo confirmado.


7. Otros hallazgos: hipermovilidad, tejido conectivo y antecedentes cervicales

Los investigadores también recogieron información sobre características del tejido conectivo y antecedentes físicos.

Entre los diez participantes observaron los siguientes resultados:

  • 50%: hipermovilidad articular generalizada.
  • 20% adicional: características próximas a los criterios de hipermovilidad.
  • 50%: antecedentes de traumatismos en cabeza o cuello.
  • 90%: antecedentes de actividades asociadas con distensión miofascial.

Entre estas últimas figuraban prácticas como gimnasia, danza, yoga y manipulaciones vertebrales.

Los autores plantean que determinadas características del tejido conectivo podrían influir en la susceptibilidad a algunas manifestaciones del COVID persistente.

También mencionan posibles mecanismos relacionados con la afectación neuroendocrina.

Sin embargo, estos resultados son exploratorios.

Aunque los investigadores observaron una elevada frecuencia de hipermovilidad, antecedentes cervicales y actividades asociadas a distensión miofascial, los resultados no permiten establecer relaciones causales.

Es importante diferenciar los antecedentes de traumatismos de las actividades físicas habituales, como yoga, danza o gimnasia, que no constituyen por sí mismas evidencia de lesión o de un mecanismo patológico.

La ausencia de un grupo de control impide determinar si estos antecedentes eran más frecuentes de lo esperado en una población de características similares.

Por tanto, deben considerarse observaciones exploratorias que requieren confirmación independiente.


8. Limitaciones del estudio y futuras líneas de investigación

Aunque los resultados son interesantes, la investigación presenta limitaciones relevantes.

En primer lugar, la muestra estaba formada únicamente por diez pacientes atendidos en una clínica especializada de rehabilitación neurológica.

Este número resulta insuficiente para estimar la prevalencia real de las alteraciones del equilibrio hídrico en la población con COVID persistente.

En segundo lugar, no existía un grupo de control formado por personas sanas sometidas al mismo procedimiento de restricción hídrica.

En tercer lugar, no se realizaron mediciones de vasopresina ni de copeptina, lo que impide determinar si existe una alteración de la secreción hormonal.

Además, no se disponía de mediciones históricas de urea sanguínea para completar los cálculos retrospectivos de osmolalidad.

Algunos participantes recibían tratamientos farmacológicos potencialmente capaces de influir en la regulación de líquidos, aunque los investigadores revisaron estas circunstancias y no las consideraron una explicación general suficiente.

Tampoco pudieron controlar completamente todos los factores capaces de provocar una osmolalidad sanguínea elevada.

Otra limitación es la utilización de un umbral de osmolalidad urinaria superior a 750 mOsm/kg como referencia después de diez horas de restricción hídrica. Aunque resulta útil para el análisis exploratorio, los valores individuales deben interpretarse en su contexto y no constituyen por sí solos un criterio diagnóstico de deficiencia de vasopresina.

¿Qué deberían investigar los próximos estudios?

Para aclarar estos hallazgos serían necesarias investigaciones con muestras más amplias, grupos de control y protocolos estandarizados.

Entre los parámetros que sería interesante evaluar conjuntamente destacan:

  • Osmolalidad plasmática y urinaria.
  • Vasopresina o copeptina, interpretadas en relación con el estímulo osmótico.
  • Sodio, glucosa, urea y función renal.
  • Producción de orina durante 24 horas.
  • Parámetros de volumen sanguíneo circulante.
  • Presencia y gravedad de la intolerancia ortostática.
  • Relación entre estas alteraciones y la evolución clínica de los pacientes.

También sería relevante comparar directamente pacientes con EM/SFC y COVID persistente para determinar si comparten mecanismos de alteración hídrica.

Las pruebas de privación hídrica requieren indicación y supervisión médica, especialmente cuando existen poliuria importante, alteraciones del sodio o tratamientos que modifican la retención de agua.


9. Conclusiones: ¿qué aporta este estudio al conocimiento del COVID persistente?

La investigación de Huhmar y colaboradores identifica alteraciones del equilibrio hídrico en una pequeña serie de pacientes con COVID persistente.

Después de diez horas de restricción hídrica, el 90% presentó osmolalidad sanguínea elevada y el 70% mostró osmolalidad urinaria inferior a la referencia utilizada.

Además, los participantes que presentaban simultáneamente ambas alteraciones comunicaron peor función física y una mayor gravedad de los síntomas, aunque las diferencias no pudieron confirmarse estadísticamente debido al reducido tamaño de la muestra.

Un hallazgo adicional es que los valores de osmolalidad estimados a partir de analíticas históricas no mostraban alteraciones antes de la infección, si bien las limitaciones metodológicas impiden establecer que los cambios observados fueran causados por el SARS-CoV-2.

Estos resultados adquieren especial interés al compararlos con la investigación del mismo grupo sobre vasopresina en EM/SFC, que identificó concentraciones hormonales bajas en numerosos participantes.

Sin embargo, el estudio de COVID persistente no midió directamente la vasopresina ni la copeptina y, por tanto, no demuestra que exista una deficiencia hormonal.

Tampoco permite determinar si estas alteraciones son frecuentes en el conjunto de personas con COVID persistente o si están relacionadas causalmente con la disautonomía, la hipovolemia o la gravedad de la enfermedad.

La principal contribución de esta investigación consiste en señalar la regulación del equilibrio hídrico como una posible área de interés clínico y científico.

Serán necesarios estudios controlados, con muestras más amplias y mediciones hormonales específicas, para determinar si estas alteraciones pueden utilizarse como biomarcadores o ayudar a identificar subgrupos de pacientes con mecanismos fisiopatológicos diferenciados.


Referencias científicas

Huhmar, H., et al. (2026). Disrupted fluid homeostasis in patients with post-Covid-19 syndrome – a case series. Frontiers in Endocrinology, 17.

https://doi.org/10.3389/fendo.2026.1741517

Huhmar, H. M., et al. (2026). Low Vasopressin in Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome. Endocrine Practice, 32(6), 902–908. Publicado electrónicamente el 29 de diciembre de 2025.

https://doi.org/10.1016/j.eprac.2025.12.020

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración médica individualizada. Las pruebas de privación hídrica deben realizarse únicamente cuando estén indicadas y bajo supervisión médica.


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