El síndrome metabólico y la resistencia a la insulina no se corrigen con una única intervención.

En general, las estrategias con mejor respaldo actúan sobre varios elementos al mismo tiempo:

alimentación + sensibilidad a la insulina + masa muscular + grasa visceral cuando existe + metabolismo hepático + presión arterial + glucosa + perfil lipídico.

La American Heart Association sitúa precisamente la alimentación saludable, la actividad física, el control del peso cuando existe exceso y el tratamiento de los distintos factores de riesgo entre los pilares del manejo del síndrome metabólico.

Sin embargo, trasladar estas recomendaciones directamente a EM/SFC y Covid Persistente puede ser problemático.

En algunos pacientes existe sobrepeso o exceso de grasa visceral, pero otros tienen un peso normal, están adelgazando o han perdido masa muscular. Además, en EM/SFC el malestar post-esfuerzo (PEM) obliga a adaptar cualquier recomendación relacionada con actividad física.

Por tanto, el objetivo no debería ser simplemente comer menos y moverse más, sino mejorar la salud metabólica sin empeorar el estado nutricional ni superar los límites energéticos del paciente.


1. El objetivo no siempre debe ser perder peso

Cuando existe obesidad o exceso de grasa visceral, reducir moderadamente el peso corporal puede mejorar simultáneamente:

  • Sensibilidad a la insulina.
  • Glucemia.
  • Triglicéridos.
  • Presión arterial.
  • Esteatosis hepática.
  • Riesgo de progresión hacia diabetes tipo 2.

Los grandes estudios de prevención de diabetes y las guías actuales consideran la pérdida de peso una de las intervenciones más eficaces cuando existe sobrepeso u obesidad.

Pero esto no significa que todas las personas con resistencia a la insulina necesiten adelgazar.

Una persona con un IMC normal puede presentar:

  • Resistencia a la insulina.
  • Hiperinsulinemia.
  • Grasa visceral.
  • MASLD o hígado graso.
  • Triglicéridos elevados.
  • Baja masa muscular.

Este matiz puede ser especialmente importante en EM/SFC y Covid Persistente, donde algunos pacientes experimentan pérdida involuntaria de peso, reducción de actividad y pérdida muscular.

Por tanto:

Exceso de grasa visceral → reducirla puede ser beneficioso.

Peso normal/bajo o pérdida muscular → el objetivo debería ser mejorar el metabolismo conservando o recuperando masa magra.


2. Mejorar la alimentación: probablemente el primer punto sobre el que actuar

No existe una única dieta obligatoria para tratar el síndrome metabólico.

Lo que sí se repite de manera consistente en las recomendaciones es favorecer alimentos poco procesados y disminuir aquellos que facilitan una ingesta excesiva de energía, azúcares añadidos y carbohidratos refinados.

Reducir especialmente azúcares y carbohidratos refinados

Tiene sentido limitar:

  • Bebidas azucaradas.
  • Bollería.
  • Dulces.
  • Cereales azucarados.
  • Panes y harinas muy refinados.
  • Productos ultraprocesados ricos simultáneamente en azúcares, almidones refinados y grasas.

Esto puede resultar especialmente útil cuando existen triglicéridos elevados, alteraciones glucémicas o resistencia a la insulina.

Pero reducir carbohidratos refinados no significa eliminar todos los carbohidratos.

Pueden seguir formando parte de una alimentación metabólicamente saludable alimentos como:

  • Verduras.
  • Legumbres.
  • Fruta entera.
  • Frutos secos.
  • Cereales integrales según tolerancia y necesidades individuales.

El patrón mediterráneo sigue siendo una de las mejores referencias

Un patrón mediterráneo bien diseñado combina:

  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Verduras y hortalizas.
  • Legumbres.
  • Frutos secos.
  • Pescado.
  • Fruta entera.
  • Proteína suficiente.
  • Baja presencia de ultraprocesados y azúcares añadidos.

Las guías europeas actuales de MASLD recomiendan mejorar la calidad de la dieta y consideran especialmente apropiados patrones similares a la dieta mediterránea.

Por tanto, para mejorar la salud metabólica no es necesario recurrir obligatoriamente a una dieta extrema.

¿Y una dieta baja en carbohidratos?

Puede ser una opción útil para algunas personas, especialmente si permite reducir azúcares y carbohidratos refinados y mejora glucosa o triglicéridos.

Pero el grado de restricción puede individualizarse.

No existe una cantidad universal de carbohidratos que deba consumir cualquier persona con resistencia a la insulina.

Y cuando existe bajo peso o tendencia a adelgazar, una reducción muy agresiva puede dificultar alcanzar una ingesta energética suficiente.


3. ¿Es necesario entrar en cetosis o hacer ayuno?

No.

Tanto las dietas bajas en carbohidratos como diferentes modalidades de time-restricted eating pueden mejorar determinados marcadores metabólicos en algunos pacientes.

Un ensayo aleatorizado publicado en Annals of Internal Medicine en 2024 encontró beneficios modestos de una ventana de alimentación de 8–10 horas en personas con síndrome metabólico.

Pero los resultados globales sobre alimentación restringida en el tiempo son heterogéneos.

Cuando se controlan las calorías, algunos ensayos no encuentran una ventaja importante del horario de alimentación frente a una restricción calórica equivalente.

Por tanto:

ayunar más horas no significa necesariamente obtener mayor beneficio metabólico.

Parte de los beneficios observados probablemente depende de que algunas personas:

  • Comen menos.
  • Pierden grasa corporal.
  • Reducen el picoteo.
  • Mejoran la distribución de sus comidas.

El ayuno puede ser una herramienta, pero no es un requisito.

En EM/SFC o bajo peso hay que ser especialmente prudentes

Si restringir la ventana de alimentación conduce a:

menos calorías + menos proteína + pérdida de peso + pérdida muscular,

la intervención podría terminar siendo contraproducente.

Esto es especialmente relevante en personas con poco apetito, dificultades digestivas, bajo peso o pérdida involuntaria de peso.

El objetivo debería ser mejorar la regulación metabólica sin comprometer el estado nutricional.


4. Conservar músculo puede ser tan importante como reducir grasa

El músculo es uno de los principales tejidos encargados de utilizar glucosa después de una comida.

Cuando la insulina actúa correctamente, favorece la entrada de glucosa en las células musculares.

Por eso la masa muscular puede considerarse, de forma simplificada, un gran depósito metabólico de glucosa.

Perder músculo puede reducir esta capacidad.

Esto introduce una diferencia importante entre:

perder grasa visceral

y

perder masa muscular.

Aunque ambos procesos disminuyan el número que aparece en la báscula, sus consecuencias metabólicas son completamente diferentes.

Por eso, especialmente en personas delgadas o con enfermedades crónicas, resulta más interesante valorar la composición corporal que perseguir simplemente un peso menor.

Asegurar suficiente proteína

Una ingesta suficiente de proteína ayuda a conservar masa muscular.

La cantidad óptima depende de múltiples factores:

  • Edad.
  • Peso.
  • Actividad.
  • Estado nutricional.
  • Función renal.
  • Enfermedades concomitantes.

No existe, por tanto, una cifra universal aplicable a todos los pacientes.

Pero cuando existe pérdida muscular, combinar restricción calórica importante con una ingesta insuficiente de proteína probablemente sea una estrategia poco apropiada.


5. Actividad física: muy eficaz metabólicamente, pero debe adaptarse al PEM

En población general, la actividad física es una de las intervenciones más eficaces para mejorar la sensibilidad a la insulina.

El músculo activo puede incrementar la utilización de glucosa y producir mejoras metabólicas incluso sin una pérdida importante de peso.

Pero EM/SFC constituye una excepción fundamental a la prescripción convencional de ejercicio.

No se debe ignorar el PEM

La guía NICE de EM/SFC establece que no deben utilizarse programas que empleen incrementos fijos y predeterminados de actividad o ejercicio, incluyendo la antigua terapia de ejercicio graduado.

La actividad debe adaptarse a las capacidades y fluctuaciones individuales.

Por tanto, en una persona con EM/SFC y alteraciones metabólicas no tendría sentido perseguir automáticamente objetivos como:

10.000 pasos al día

o

150 minutos semanales de ejercicio

si hacerlo desencadena PEM.

La prioridad debería ser permanecer dentro de la capacidad energética individual.

Cuando la situación funcional lo permita, podrían explorarse estrategias de muy bajo coste energético, por ejemplo:

  • Movimientos breves.
  • Actividad fragmentada.
  • Trabajo muscular localizado.
  • Ejercicios sentado o tumbado.
  • Contracciones isométricas suaves.
  • Recuperaciones suficientemente largas.

Pero actualmente no disponemos de ensayos que hayan establecido cuál de estas estrategias es óptima para tratar específicamente la resistencia a la insulina en EM/SFC.

Por tanto, no deben presentarse como tratamientos demostrados de la enfermedad.


6. Prestar atención al hígado y a la grasa visceral

El hígado ocupa una posición central en la regulación metabólica.

Cuando existe resistencia hepática a la insulina pueden coexistir:

mayor producción hepática de glucosa + hiperinsulinemia + aumento de triglicéridos + acumulación de grasa hepática.

Esto ayuda a explicar la estrecha asociación entre resistencia a la insulina y MASLD —enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica—.

Las guías EASL–EASD–EASO actuales recomiendan abordar conjuntamente:

  • Calidad de la alimentación.
  • Actividad física.
  • Peso cuando existe sobrepeso u obesidad.
  • Diabetes.
  • Hipertensión.
  • Dislipemia.
  • Otros factores de riesgo cardiovascular.

Un punto importante es que MASLD también puede aparecer en personas sin obesidad, por lo que un peso normal no permite descartarlo.


7. Dormir y tratar los trastornos del sueño también importa

La regulación metabólica está estrechamente relacionada con el sueño y el ritmo circadiano.

Dormir de forma insuficiente o presentar alteraciones persistentes del sueño puede influir sobre:

  • Sensibilidad a la insulina.
  • Sistema nervioso simpático.
  • Regulación del apetito.
  • Glucemia.
  • Presión arterial.

En EM/SFC y Covid Persistente la situación es más compleja porque pueden existir:

  • Sueño no reparador.
  • Insomnio.
  • Hipersomnia.
  • Alteraciones autonómicas.
  • Apnea u otros trastornos respiratorios del sueño.

Por tanto, simplemente “dormir más” no siempre resuelve el problema.

Cuando existen ronquidos, pausas respiratorias, desaturaciones nocturnas o somnolencia desproporcionada, puede tener sentido estudiar específicamente la calidad respiratoria del sueño.


8. ¿Cuándo entran los medicamentos?

El síndrome metabólico no tiene un único tratamiento farmacológico.

En la práctica se tratan los diferentes factores de riesgo presentes:

  • Hipertensión.
  • LDL y otras alteraciones lipídicas.
  • Diabetes o prediabetes de alto riesgo.
  • Obesidad cuando está indicada farmacoterapia.
  • Enfermedad cardiovascular o renal asociada.

Metformina

La metformina mejora principalmente el metabolismo hepático de la glucosa y continúa teniendo un papel importante en diabetes tipo 2.

Las Standards of Care de la American Diabetes Association de 2026 también consideran su utilización para prevenir o retrasar diabetes en determinados adultos con prediabetes y riesgo elevado, especialmente en perfiles de alto riesgo.

Eso es diferente de afirmar:

“insulina elevada = metformina”.

Una insulina basal elevada aislada no constituye automáticamente una indicación de tratamiento farmacológico.

La decisión debe basarse en el conjunto de glucemia, HbA1c, antecedentes, riesgo de diabetes, peso, función renal y otros factores.

GLP-1 y terapias relacionadas

Los agonistas del receptor GLP-1 y otros tratamientos incretínicos pueden mejorar:

  • Glucemia.
  • Peso.
  • Riesgo cardiovascular en determinadas poblaciones.

Su papel es especialmente relevante en personas con obesidad y/o diabetes y determinados perfiles de riesgo.

No son un tratamiento genérico del síndrome metabólico y pueden resultar particularmente poco apropiados cuando ya existe bajo peso o pérdida ponderal no deseada.


9. Qué estrategia priorizar según la alteración predominante

No todos los pacientes necesitan actuar sobre lo mismo.

Insulina elevada con glucosa todavía normal

Puede ser razonable revisar:

  • Calidad y cantidad de carbohidratos.
  • Azúcares añadidos.
  • Composición corporal.
  • Masa muscular.
  • Perfil lipídico.
  • Evolución de glucosa y HbA1c.

La insulina basal y el HOMA-IR pueden utilizarse como herramientas de investigación o apoyo en determinados contextos, pero no existe un punto de corte universal ni forman parte de los criterios diagnósticos estándar del síndrome metabólico.

Triglicéridos elevados

Conviene prestar especial atención a:

  • Azúcares añadidos.
  • Bebidas azucaradas.
  • Alcohol.
  • Exceso energético.
  • Calidad global de la alimentación.
  • Glucemia y resistencia a la insulina.
  • Causas secundarias.

MASLD

La estrategia suele centrarse en:

alimentación + reducción de grasa corporal cuando procede + control de diabetes/lípidos/presión + actividad física adecuada a la situación del paciente.

Obesidad visceral

La reducción de grasa corporal puede mejorar simultáneamente varios componentes del síndrome metabólico.

Bajo peso o pérdida muscular

Aquí cambia completamente la prioridad.

El objetivo puede ser:

energía suficiente + proteína suficiente + mantener o recuperar músculo + buena calidad de carbohidratos y grasas + evitar pérdidas adicionales de peso.


10. Cómo saber si realmente está mejorando el metabolismo

No tiene sentido aplicar múltiples intervenciones sin comprobar posteriormente si los parámetros metabólicos mejoran.

Dependiendo del problema inicial pueden resultar útiles:

  • Glucosa basal.
  • HbA1c.
  • Triglicéridos.
  • HDL.
  • LDL.
  • ApoB en determinados perfiles.
  • Presión arterial.
  • Perímetro abdominal.
  • Peso y composición corporal.
  • ALT, AST y GGT.

En situaciones seleccionadas pueden añadirse:

  • Insulina basal.
  • HOMA-IR.
  • Curva de glucosa.
  • Evaluación hepática mediante imagen o técnicas específicas de esteatosis/fibrosis.

Pero conviene evitar dos extremos:

glucosa normal no garantiza necesariamente sensibilidad normal a la insulina,

pero tampoco

una insulina aislada ligeramente elevada diagnostica por sí sola resistencia a la insulina.

Los resultados deben interpretarse conjuntamente y en contexto clínico.


11. Qué cambia específicamente en EM/SFC y Covid Persistente

Las estrategias metabólicas generales siguen siendo útiles, pero deben adaptarse a la enfermedad.

En EM/SFC

Las principales diferencias son:

  • Evitar provocar PEM.
  • No imponer ejercicio progresivo.
  • No sacrificar masa muscular mediante restricciones calóricas innecesarias.
  • Evitar ayunos o dietas restrictivas si dificultan cubrir necesidades energéticas.
  • Adaptar cualquier actividad a la capacidad funcional real.

En Covid Persistente

También puede existir PEM en una parte de los pacientes, por lo que las mismas precauciones pueden ser necesarias.

Además, deben considerarse posibles problemas coexistentes como disautonomía, alteraciones del sueño, pérdida muscular o cambios metabólicos posteriores a la infección.

No existe actualmente evidencia suficiente para afirmar que una dieta, un ayuno o un medicamento metabólico específico trate por sí mismo EM/SFC o Covid Persistente.

El objetivo es corregir una alteración metabólica cuando realmente existe, no asumir que constituye la causa única de la enfermedad.


12. Conclusiones

Las acciones con mayor respaldo frente al síndrome metabólico pueden resumirse en:

mejorar la calidad de la alimentación

reducir azúcares y carbohidratos muy refinados

conservar o aumentar masa muscular

reducir exceso de grasa visceral cuando existe

tratar MASLD, hipertensión, alteraciones lipídicas y glucémicas

mejorar sueño y otros factores cardiometabólicos.

No existe necesidad de entrar obligatoriamente en cetosis ni de realizar ayunos prolongados.

La alimentación restringida en el tiempo puede ser útil para algunas personas, pero los estudios no permiten afirmar que cuanto mayor sea el ayuno, mayor será el beneficio metabólico.

Y en EM/SFC o Covid Persistente con PEM, la recomendación convencional de aumentar progresivamente el ejercicio debe modificarse sustancialmente.

El objetivo debería ser conseguir:

la mayor mejoría metabólica posible con el menor coste fisiológico posible.

Cuando además existe bajo peso o pérdida muscular, mejorar el metabolismo no significa adelgazar.

Puede significar exactamente lo contrario:

comer suficiente, garantizar proteína, conservar músculo y mejorar la calidad de los nutrientes mientras se corrigen las alteraciones metabólicas demostradas.

La meta final no debería ser alcanzar el peso más bajo, consumir la menor cantidad de carbohidratos ni ayunar el mayor número de horas.

Debería ser conseguir que el organismo gestione mejor la glucosa, los lípidos y la energía sin sacrificar masa muscular, nutrición ni capacidad funcional.


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