La encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) y la condición posterior a la COVID-19 (COVID persistente) comparten numerosos síntomas, como la fatiga intensa, la intolerancia al esfuerzo, la disfunción cognitiva, las alteraciones del sistema nervioso autónomo y el sueño no reparador. Esta similitud ha llevado a muchos investigadores a preguntarse si ambas enfermedades representan manifestaciones de un mismo proceso biológico o si, por el contrario, existen diferencias objetivas que permitan distinguirlas.

En los últimos años se han publicado numerosos estudios que describen alteraciones del sistema inmunitario, la función endotelial, la coagulación y el metabolismo energético tanto en la EM/SFC como en el COVID persistente. Sin embargo, todavía no existen biomarcadores validados que permitan confirmar el diagnóstico de forma objetiva o diferenciar claramente ambas enfermedades.

Con el objetivo de avanzar en este campo, un grupo de investigadores del Hospital Universitari Vall d’Hebron, liderado por Jesús Castro-Marrero, publicó en 2024 un estudio en la revista Journal of Translational Medicine en el que analizaron de forma simultánea múltiples biomarcadores relacionados con la inflamación, la función endotelial y la regulación vascular.

A diferencia de otros trabajos que se centran en un único mecanismo fisiopatológico, este estudio evaluó conjuntamente la información clínica, las pruebas de intolerancia ortostática y un amplio panel de biomarcadores sanguíneos para determinar si era posible identificar un perfil biológico característico de la EM/SFC y del COVID persistente.

Los resultados mostraron que la combinación de determinados biomarcadores y medidas clínicas permite diferenciar ambas enfermedades con una precisión considerable, lo que refuerza la idea de que comparten mecanismos fisiopatológicos importantes, pero también presentan alteraciones biológicas propias.

En este artículo analizaremos cómo se diseñó el estudio, qué biomarcadores evaluaron los investigadores, cuáles fueron los principales resultados y qué implicaciones pueden tener estos hallazgos para el diagnóstico y el futuro tratamiento de la EM/SFC y el COVID persistente.


1. ¿Cómo se realizó el estudio?

Uno de los aspectos más interesantes de este trabajo es que los investigadores no buscaron un único biomarcador «milagroso», sino que analizaron simultáneamente distintos sistemas biológicos implicados en la EM/SFC y el COVID persistente. El objetivo era comprobar si la combinación de información clínica y analítica permitía diferenciar ambas enfermedades con mayor precisión que cualquier marcador aislado.

Se diseñó un estudio piloto prospectivo y transversal, realizado en la Unidad Clínica de EM/SFC y COVID Persistente del Hospital Universitario Vall d’Hebron (Barcelona), uno de los centros de referencia en España para estas patologías. Los participantes fueron reclutados entre septiembre de 2020 y diciembre de 2022.

Participantes

El estudio incluyó un total de 85 personas, distribuidas en tres grupos:

GrupoParticipantes
EM/SFC31
COVID persistente23
Controles sanos sedentarios31

Los grupos estaban razonablemente emparejados por edad, sexo y nivel de actividad física para reducir posibles factores de confusión. La mayoría eran mujeres, algo que refleja la mayor prevalencia de estas enfermedades en el sexo femenino.

Diagnóstico de los pacientes

Los pacientes con EM/SFC fueron diagnosticados por especialistas siguiendo los International Consensus Criteria (ICC 2011) y las recomendaciones europeas de EUROMENE.

Por su parte, los pacientes con COVID persistente cumplían la definición clínica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con síntomas persistentes al menos tres meses después de una infección confirmada por SARS-CoV-2.

¿Qué evaluaron?

El estudio combinó tres grandes bloques de información:

  • Síntomas y gravedad clínica, mediante cuestionarios validados.
  • Valoración cardiovascular y autonómica, incluyendo el NASA Lean Test de 10 minutos para detectar intolerancia ortostática y síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS).
  • Análisis de biomarcadores en sangre, centrados principalmente en dos sistemas biológicos:
    • Función endotelial.
    • Inflamación sistémica.

Biomarcadores analizados

Los investigadores seleccionaron marcadores que ya habían sido relacionados previamente con la disfunción vascular y la inflamación crónica.

Biomarcadores de función endotelial

Entre ellos destacaban:

  • Endotelina-1 (ET-1), uno de los vasoconstrictores más potentes producidos por el endotelio.
  • VCAM-1, marcador de activación endotelial y adhesión de leucocitos.
  • E-selectina, otra molécula característica del endotelio activado.
  • PAI-1 (Serpin E1), principal inhibidor de la fibrinólisis y relacionado con un estado protrombótico.
  • Trombospondina-1 (TSP-1), implicada en la reparación tisular, la angiogénesis y la regulación de la función vascular.
  • Nitritos/Nitratos (NOx), utilizados como indicador indirecto de la disponibilidad de óxido nítrico (NO), esencial para la vasodilatación.

Comentario

Resulta llamativo que varios de estos biomarcadores (VCAM-1, PAI-1, E-selectina o la reducción de NO) coinciden con los mecanismos que otros grupos internacionales han relacionado con la disfunción endotelial persistente, los microcoágulos y la hipoperfusión en la EM/SFC y el COVID persistente.

Biomarcadores inflamatorios

También analizaron múltiples citocinas y quimiocinas, entre ellas:

  • TNF-α
  • IL-1β
  • IL-4
  • IL-6
  • IL-8
  • IL-10
  • IL-13
  • IP-10
  • MCP-1
  • IFN-γ

Además midieron leptina, una hormona metabólica que también participa en la regulación del sistema inmunitario y la inflamación.

Un enfoque diferente

La principal novedad del estudio no fue únicamente medir estos biomarcadores, sino aplicar análisis estadísticos multivariantes, como el análisis de componentes principales (PCA) y el análisis discriminante, para comprobar si la combinación de síntomas, pruebas autonómicas y biomarcadores permitía separar objetivamente a los pacientes con EM/SFC, COVID persistente y controles sanos.

Este enfoque resulta especialmente interesante porque es poco probable que una enfermedad tan compleja pueda explicarse mediante un único marcador sanguíneo. En cambio, la combinación de múltiples alteraciones biológicas podría constituir una «firma» o perfil característico de cada enfermedad, acercando el desarrollo de futuros biomarcadores diagnósticos.


2. ¿Qué diferencias clínicas encontraron entre la EM/SFC y el COVID persistente?

Antes de analizar los biomarcadores, los investigadores compararon las características clínicas de los tres grupos de participantes. Aunque tanto la EM/SFC como el COVID persistente compartían una elevada carga de síntomas, también observaron algunas diferencias relevantes.

Una importante limitación funcional en ambos grupos

Los pacientes con EM/SFC y COVID persistente presentaban una disminución significativa de la calidad de vida y de la capacidad funcional en comparación con los controles sanos.

La fatiga fue el síntoma predominante en ambos grupos, acompañada de otros síntomas frecuentes como:

  • Intolerancia al esfuerzo (PEM).
  • Trastornos del sueño.
  • Dificultades cognitivas («niebla mental»).
  • Dolor muscular y articular.
  • Alteraciones autonómicas.
  • Intolerancia ortostática.

Estos resultados apoyan la idea de que ambas enfermedades comparten un importante componente fisiopatológico común.

La intolerancia ortostática fue muy frecuente

Uno de los aspectos más interesantes del estudio fue la realización del NASA Lean Test, una prueba sencilla que evalúa la respuesta del organismo al permanecer de pie durante diez minutos.

Los investigadores observaron que los pacientes con EM/SFC y COVID persistente presentaban con mucha mayor frecuencia alteraciones compatibles con intolerancia ortostática, incluyendo aumentos excesivos de la frecuencia cardíaca y dificultades para mantener una presión arterial adecuada.

Este hallazgo coincide con numerosos estudios publicados durante los últimos años que describen una elevada prevalencia de disautonomía, especialmente del síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS) y otras formas de intolerancia ortostática, tanto en la EM/SFC como en el COVID persistente.

Los síntomas por sí solos no permiten distinguir ambas enfermedades

Aunque algunos síntomas fueron ligeramente más frecuentes en un grupo que en otro, existía un solapamiento clínico muy importante.

En otras palabras, basándose únicamente en los síntomas resulta muy difícil diferenciar un paciente con EM/SFC de otro con COVID persistente.

Precisamente por este motivo los investigadores centraron el resto del estudio en analizar si los biomarcadores sanguíneos podían aportar información adicional y ayudar a identificar perfiles biológicos diferentes.

El objetivo iba más allá de encontrar un único biomarcador

Los autores plantean una idea especialmente interesante: probablemente ningún biomarcador aislado será suficiente para diagnosticar estas enfermedades.

En cambio, una combinación de alteraciones en distintos sistemas —inflamación, función endotelial, regulación vascular y sistema nervioso autónomo— podría constituir una firma biológica mucho más útil para el diagnóstico y para clasificar a los pacientes en diferentes subgrupos.

Esta aproximación es coherente con la creciente evidencia científica que considera tanto la EM/SFC como el COVID persistente enfermedades multisistémicas, en las que interactúan alteraciones inmunológicas, vasculares, metabólicas y neurológicas.


3. ¿Qué biomarcadores diferenciaron realmente a la EM/SFC del COVID persistente?

Tras analizar los datos clínicos, los investigadores estudiaron un amplio panel de biomarcadores relacionados con la inflamación y la función endotelial. El objetivo era determinar si alguno de ellos permitía distinguir la EM/SFC del COVID persistente o si, por el contrario, ambos compartían un perfil biológico prácticamente idéntico.

Los resultados mostraron que ningún biomarcador aislado era capaz de separar completamente ambas enfermedades. Sin embargo, la combinación de varios marcadores sí permitió diferenciar a los pacientes con una precisión considerable, lo que respalda la existencia de perfiles biológicos distintos.

Endotelina-1: una posible alteración del tono vascular

Uno de los biomarcadores más relevantes fue la endotelina-1 (ET-1).

La endotelina-1 es uno de los vasoconstrictores más potentes producidos por el endotelio. Su función normal consiste en regular el calibre de los vasos sanguíneos y mantener un equilibrio con el óxido nítrico (NO), principal vasodilatador del organismo.

Cuando este equilibrio se altera pueden aparecer:

  • Disminución de la perfusión tisular.
  • Menor aporte de oxígeno a músculos y cerebro.
  • Disfunción microvascular.
  • Mayor esfuerzo del organismo para mantener un flujo sanguíneo adecuado.

Estos mecanismos ya se han propuesto en diversos estudios sobre EM/SFC y COVID persistente y podrían contribuir a síntomas como la fatiga, la intolerancia ortostática o la niebla mental.

VCAM-1 y E-selectina: signos de activación del endotelio

Otro grupo de biomarcadores especialmente interesante fueron las moléculas de adhesión VCAM-1 y E-selectina.

Estas proteínas aparecen cuando el endotelio se encuentra activado o sometido a un proceso inflamatorio.

Su aumento favorece que los leucocitos se adhieran a la pared vascular y atraviesen el endotelio hacia los tejidos, un mecanismo normal durante una infección aguda pero que puede convertirse en un problema cuando la activación endotelial persiste durante meses.

La presencia de alteraciones en estos marcadores respalda la hipótesis de que el endotelio continúa funcionando de forma anómala incluso mucho tiempo después de la infección inicial.

PAI-1: un posible estado protrombótico

Los investigadores también analizaron el PAI-1 (Plasminogen Activator Inhibitor-1).

Esta proteína regula la fibrinólisis, es decir, el proceso mediante el cual el organismo elimina los coágulos una vez han cumplido su función.

Cuando el PAI-1 aumenta, la degradación de la fibrina se vuelve menos eficiente y puede favorecer un estado de hipercoagulabilidad.

Este hallazgo resulta especialmente interesante porque coincide con otros trabajos que han descrito alteraciones de la coagulación y la presencia de microcoágulos resistentes a la fibrinólisis en algunos pacientes con COVID persistente y EM/SFC.

Óxido nítrico: una pieza clave de la circulación

El estudio también evaluó los niveles de nitritos y nitratos (NOx), utilizados como un marcador indirecto de la producción de óxido nítrico.

El óxido nítrico es esencial para:

  • Favorecer la vasodilatación.
  • Mantener una adecuada perfusión de los tejidos.
  • Regular la función del endotelio.
  • Evitar la activación excesiva de las plaquetas.

Una alteración en esta vía podría contribuir tanto a la intolerancia ortostática como a la disminución del aporte de oxígeno durante el esfuerzo.

La inflamación sigue presente, pero no explica toda la enfermedad

Además de los marcadores vasculares, los investigadores analizaron diversas citocinas inflamatorias.

Aunque encontraron alteraciones inmunológicas, los resultados mostraron que la inflamación por sí sola no era suficiente para explicar las diferencias entre ambos grupos.

De hecho, los mejores modelos estadísticos se obtuvieron cuando se combinaron biomarcadores inflamatorios con marcadores de función endotelial y variables clínicas.

Este hallazgo refuerza una idea cada vez más aceptada: la EM/SFC y el COVID persistente no parecen ser únicamente enfermedades inflamatorias, sino trastornos multisistémicos en los que interactúan el sistema inmunitario, el endotelio, la microcirculación y el sistema nervioso autónomo. a la disminución del aporte de oxígeno durante el esfuerzo.

Principales diferencias encontradas en los biomarcadores

Los investigadores observaron que tanto la EM/SFC como el COVID persistente compartían diversas alteraciones biológicas respecto a los controles sanos, pero también identificaron cambios específicos de cada enfermedad.

Biomarcadores alterados tanto en EM/SFC como en COVID persistente

En comparación con los controles sanos, ambos grupos de pacientes presentaban:

  • Aumento de la endotelina-1 (ET-1) (p < 0,05).
  • Aumento de VCAM-1 (p < 0,001).
  • Disminución de los nitritos/nitratos (NOx), un marcador indirecto de la producción de óxido nítrico (p < 0,01).
  • Aumento del TNF-α (p < 0,01).

Estos resultados indican que, independientemente del desencadenante inicial, ambas enfermedades comparten alteraciones compatibles con disfunción endotelial, menor disponibilidad de óxido nítrico y un estado inflamatorio persistente.

Biomarcadores especialmente elevados en la EM/SFC

Los pacientes con EM/SFC presentaban además alteraciones que no se observaron con la misma intensidad en el COVID persistente.

En concreto, mostraban niveles significativamente más elevados de:

  • PAI-1 (Serpin E1) (p < 0,01).
  • E-selectina (p < 0,01).
  • IL-1β (p < 0,001).
  • IL-4 (p < 0,001).
  • IL-6 (p < 0,01).
  • IL-10 (p < 0,001).
  • IP-10 (p < 0,05).
  • Leptina (p < 0,001).

Este perfil sugiere que, al menos en esta cohorte, los pacientes con EM/SFC presentaban una activación inmunitaria y endotelial más marcada que los pacientes con COVID persistente.

Un hallazgo llamativo en el COVID persistente

Por el contrario, el único biomarcador claramente característico del grupo con COVID persistente fue la disminución de trombospondina-1 (TSP-1) respecto tanto a la EM/SFC como a los controles sanos (p < 0,001).

La trombospondina-1 participa en procesos como la reparación tisular, la angiogénesis, la regulación del óxido nítrico y la interacción entre las plaquetas y el endotelio. Aunque todavía no está claro el significado clínico de este hallazgo, podría reflejar diferencias en la respuesta vascular entre ambas enfermedades.

El modelo diagnóstico obtuvo una precisión muy elevada

Uno de los resultados más interesantes del estudio apareció cuando los investigadores combinaron los biomarcadores con las escalas clínicas mediante un análisis discriminante.

El modelo completo consiguió clasificar correctamente al 95,3 % de los participantes:

  • 87,1 % de los pacientes con EM/SFC.
  • 100 % de los pacientes con COVID persistente.
  • 100 % de los controles sanos.

Cuando los autores simplificaron el modelo, comprobaron que un panel formado únicamente por PAI-1, NOx, IL-1β, IL-6 y la escala de fatiga FIS-40 seguía clasificando correctamente al 85,9 % de los participantes.

Este último resultado es especialmente relevante porque demuestra que un panel relativamente reducido de biomarcadores podría llegar a tener utilidad diagnóstica, aunque todavía será necesario validarlo en estudios mucho más amplios antes de que pueda utilizarse en la práctica clínica.


4. ¿Qué biomarcadores se asociaron con una mayor gravedad de la enfermedad?

Uno de los principales objetivos de este estudio no era únicamente encontrar diferencias entre la EM/SFC y el COVID persistente, sino determinar si algunos biomarcadores se relacionaban con la intensidad de los síntomas y el grado de afectación funcional.

Esta cuestión es especialmente importante porque un biomarcador útil no solo debería ayudar al diagnóstico, sino también reflejar la evolución de la enfermedad y permitir identificar a los pacientes con mayor gravedad.

Una combinación de biomarcadores fue más útil que cualquiera de ellos por separado

Los análisis estadísticos demostraron que ningún biomarcador aislado explicaba por sí solo la gravedad clínica.

Sin embargo, cuando los investigadores combinaron varios marcadores de inflamación, función endotelial y regulación vascular junto con las pruebas clínicas, la capacidad para diferenciar a los pacientes mejoró de forma significativa.

Este resultado respalda un concepto que cada vez aparece con más frecuencia en la investigación sobre EM/SFC y COVID persistente: estas enfermedades no parecen depender de una única alteración biológica, sino de la interacción entre múltiples sistemas.

La función endotelial podría desempeñar un papel central

Los resultados sugieren que los biomarcadores relacionados con la función del endotelio tienen un peso importante a la hora de explicar la gravedad de los síntomas.

El endotelio regula funciones esenciales como:

  • El calibre de los vasos sanguíneos.
  • La distribución del flujo sanguíneo.
  • El aporte de oxígeno a los tejidos.
  • La activación de la coagulación.
  • El paso de células inmunitarias desde la sangre hacia los tejidos.

Cuando este sistema pierde su equilibrio, pueden aparecer fenómenos de hipoperfusión, alteraciones de la microcirculación y una menor capacidad para responder adecuadamente al esfuerzo físico o mental.

La inflamación continúa siendo importante

Aunque la inflamación no explicó por sí sola las diferencias entre los grupos, los autores observaron que determinados mediadores inflamatorios seguían formando parte del perfil biológico asociado a la enfermedad.

Esto sugiere que la inflamación persistente probablemente actúe junto con otros mecanismos, como:

  • Disfunción endotelial.
  • Alteraciones del sistema nervioso autónomo.
  • Cambios en la regulación vascular.
  • Posibles alteraciones metabólicas.

En lugar de competir entre sí, estos mecanismos podrían potenciarse mutuamente y contribuir a mantener la enfermedad en el tiempo.

Hacia un perfil biológico de la enfermedad

Quizá la conclusión más importante del estudio sea que la combinación de biomarcadores y datos clínicos ofrece mucha más información que cualquier parámetro aislado.

En otras palabras, el futuro del diagnóstico probablemente no dependa de encontrar «el biomarcador de la EM/SFC» o «el biomarcador del COVID persistente», sino de desarrollar modelos que integren múltiples variables para identificar patrones biológicos característicos de cada paciente.

Este enfoque encaja con la tendencia actual de la medicina de precisión, en la que diferentes perfiles biológicos podrían ayudar no solo al diagnóstico, sino también a seleccionar tratamientos más personalizados.


5. ¿Qué significado tienen estos resultados?

Aunque se trata de un estudio piloto con un número relativamente reducido de participantes, sus resultados encajan sorprendentemente bien con la dirección que está tomando la investigación internacional sobre la EM/SFC y el COVID persistente.

Lejos de señalar un único mecanismo responsable de la enfermedad, los hallazgos sugieren que ambos trastornos son consecuencia de la interacción de varios procesos biológicos que se mantienen en el tiempo.

La disfunción endotelial gana protagonismo

Uno de los mensajes más relevantes del estudio es la importancia de la función endotelial.

El endotelio no es simplemente el revestimiento interno de los vasos sanguíneos. Se trata de un auténtico órgano capaz de regular funciones esenciales como:

  • El flujo sanguíneo.
  • La presión arterial.
  • La coagulación.
  • El intercambio de oxígeno y nutrientes.
  • La respuesta inflamatoria.
  • La función del sistema inmunitario.

Cuando el endotelio deja de funcionar correctamente, el organismo puede tener dificultades para distribuir adecuadamente el flujo sanguíneo allí donde más se necesita, especialmente durante el esfuerzo físico o mental.

Esta hipótesis resulta especialmente interesante porque podría explicar síntomas muy frecuentes en ambas enfermedades, como:

  • Fatiga desproporcionada.
  • Intolerancia ortostática.
  • Mareos.
  • Dificultad para realizar ejercicio.
  • Niebla mental.
  • Sensación de falta de aire sin una alteración pulmonar evidente.

La inflamación persistente probablemente no actúa sola

Durante los primeros años de investigación sobre el COVID persistente se pensó que la inflamación crónica podía ser la causa principal de la enfermedad.

Sin embargo, estudios como este sugieren que la inflamación es solo una parte del problema.

Los mediadores inflamatorios interactúan con el endotelio, las plaquetas, la coagulación, el sistema nervioso autónomo y el metabolismo celular, generando un círculo vicioso que podría perpetuar los síntomas incluso cuando la infección inicial ya ha desaparecido.

Un modelo compatible con investigaciones recientes

Los resultados también coinciden con numerosos trabajos publicados en los últimos años que han descrito:

  • Activación persistente del endotelio.
  • Alteraciones de la microcirculación.
  • Disminución de la disponibilidad de óxido nítrico.
  • Anomalías en la fibrinólisis.
  • Disfunción del sistema nervioso autónomo.
  • Hipoperfusión cerebral y muscular.

Cada uno de estos mecanismos, por separado, probablemente solo explique una parte de la enfermedad. Sin embargo, cuando se consideran de forma conjunta, comienzan a dibujar un modelo fisiopatológico coherente.

¿Qué implicaciones puede tener para los pacientes?

Aunque este estudio no cambia por sí solo la práctica clínica, sí aporta evidencia a favor de un enfoque cada vez más aceptado: la EM/SFC y el COVID persistente presentan alteraciones biológicas objetivas que pueden medirse y estudiarse.

Esto tiene varias implicaciones importantes:

  • Refuerza que ambas enfermedades tienen una base fisiopatológica demostrable.
  • Favorece el desarrollo de futuros biomarcadores diagnósticos.
  • Puede ayudar a identificar subgrupos de pacientes con mecanismos predominantes diferentes.
  • Abre la puerta a tratamientos más personalizados dirigidos a los procesos biológicos alterados en cada paciente.

En definitiva, este trabajo constituye un paso más hacia un objetivo largamente perseguido por investigadores y pacientes: disponer de herramientas objetivas que permitan comprender mejor estas enfermedades y mejorar tanto su diagnóstico como su tratamiento.


6. Limitaciones del estudio

Como ocurre con cualquier investigación científica, los resultados de este estudio deben interpretarse teniendo en cuenta una serie de limitaciones. Aunque los hallazgos son prometedores y aportan información valiosa sobre la biología de la EM/SFC y el COVID persistente, todavía son necesarios estudios de mayor tamaño que permitan confirmar estas observaciones.

Un número reducido de participantes

La principal limitación del trabajo es el tamaño de la muestra.

El estudio incluyó 31 pacientes con EM/SFC, 23 con COVID persistente y 31 controles sanos. Aunque se trata de una cohorte bien caracterizada, este número sigue siendo relativamente pequeño para establecer biomarcadores con utilidad clínica.

Los propios autores describen su investigación como un estudio piloto, cuyo objetivo principal era identificar posibles señales biológicas que posteriormente deberán validarse en poblaciones más amplias.

Las enfermedades son muy heterogéneas

Tanto la EM/SFC como el COVID persistente presentan una enorme variabilidad clínica.

No todos los pacientes desarrollan los mismos síntomas ni probablemente comparten exactamente los mismos mecanismos fisiopatológicos. Es posible que existan distintos subgrupos de pacientes en los que predominen alteraciones inmunológicas, endoteliales, metabólicas o autonómicas.

Esta heterogeneidad dificulta encontrar biomarcadores universales y hace más probable que el futuro pase por combinar múltiples variables en lugar de depender de un único marcador.

Un estudio transversal

Las muestras de sangre se obtuvieron en un único momento de la evolución de cada paciente.

Por ello, el estudio no permite determinar cómo evolucionan los biomarcadores con el paso del tiempo ni si cambian cuando los pacientes mejoran o empeoran.

Los estudios longitudinales serán fundamentales para saber si estos biomarcadores pueden utilizarse para monitorizar la evolución de la enfermedad o la respuesta a los tratamientos.

Asociación no significa causalidad

Otro aspecto importante es que el estudio identifica asociaciones, pero no demuestra relaciones de causa y efecto.

Por ejemplo, encontrar alteraciones en biomarcadores relacionados con el endotelio no significa necesariamente que la disfunción endotelial sea el origen de todos los síntomas. También podría formar parte de un proceso biológico más complejo en el que intervengan simultáneamente el sistema inmunitario, la coagulación, el metabolismo celular y el sistema nervioso autónomo.

Determinar qué alteraciones son la causa primaria y cuáles son una consecuencia de la enfermedad requerirá estudios experimentales adicionales.

Un paso importante, pero no definitivo

A pesar de estas limitaciones, el estudio representa un avance relevante porque demuestra que la combinación de biomarcadores clínicos y analíticos permite identificar patrones biológicos diferentes entre la EM/SFC y el COVID persistente.

Lejos de ofrecer respuestas definitivas, este trabajo proporciona una base sólida para futuras investigaciones y refuerza la necesidad de desarrollar modelos diagnósticos que integren múltiples biomarcadores en lugar de buscar un único análisis capaz de explicar enfermedades tan complejas.


7. ¿Cómo encajan estos resultados con la investigación actual?

Uno de los aspectos más interesantes de este estudio es que sus resultados no aparecen de forma aislada, sino que coinciden con una línea de investigación cada vez más consistente sobre la fisiopatología de la EM/SFC y el COVID persistente.

Aunque cada grupo de investigación estudia mecanismos diferentes, muchos de ellos terminan señalando alteraciones en los mismos sistemas biológicos: el endotelio vascular, la microcirculación, el sistema inmunitario y el sistema nervioso autónomo.

La disfunción endotelial como mecanismo común

Durante los últimos años se han publicado numerosos trabajos que describen signos de activación o disfunción del endotelio tanto en la EM/SFC como en el COVID persistente.

Entre los hallazgos descritos se encuentran:

  • Alteraciones en moléculas de adhesión endotelial como VCAM-1 e ICAM-1.
  • Cambios en la producción de óxido nítrico.
  • Desequilibrios entre vasodilatación y vasoconstricción.
  • Activación plaquetaria.
  • Alteraciones de la coagulación y la fibrinólisis.

El estudio de Castro-Marrero y colaboradores encaja perfectamente en esta línea de investigación al demostrar que varios biomarcadores relacionados con la función vascular contribuyen a diferenciar los perfiles biológicos de ambas enfermedades.

Un modelo compatible con la hipoperfusión

Si el endotelio pierde parte de su capacidad para regular correctamente el flujo sanguíneo, algunos tejidos podrían recibir menos oxígeno y nutrientes, especialmente durante situaciones de mayor demanda, como el ejercicio físico o la actividad cognitiva.

Este mecanismo podría contribuir a explicar síntomas tan característicos como:

  • Fatiga intensa.
  • Empeoramiento tras el esfuerzo (PEM).
  • Intolerancia ortostática.
  • Niebla mental.
  • Mareos.
  • Sensación de falta de aire sin una enfermedad pulmonar grave.

Diversos estudios de perfusión cerebral, resonancia magnética funcional y pruebas de esfuerzo cardiopulmonar apoyan indirectamente esta hipótesis.

La enfermedad probablemente no depende de un único mecanismo

Uno de los mensajes que más se repite en la investigación reciente es que resulta poco probable que exista una única causa capaz de explicar todos los casos de EM/SFC o COVID persistente.

Cada vez parece más probable que intervengan simultáneamente varios procesos, entre ellos:

  • Persistencia o reactivación de algunos virus en determinados pacientes.
  • Activación inmunitaria crónica.
  • Disfunción endotelial.
  • Alteraciones de la coagulación y la fibrinólisis.
  • Disfunción del sistema nervioso autónomo.
  • Alteraciones metabólicas y mitocondriales.

La importancia relativa de cada uno de estos mecanismos probablemente varíe entre pacientes, lo que explicaría la enorme heterogeneidad clínica observada en ambas enfermedades.

Hacia una medicina más personalizada

Precisamente por esta complejidad, cada vez más investigadores proponen abandonar la búsqueda de un único biomarcador universal y avanzar hacia modelos que integren múltiples parámetros clínicos y biológicos.

Este enfoque permitiría identificar distintos subgrupos de pacientes y, en el futuro, adaptar los tratamientos según los mecanismos predominantes en cada caso.

Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, estudios como este representan un paso importante hacia una medicina de precisión aplicada a la EM/SFC y al COVID persistente.


8. ¿Qué aporta realmente este estudio?

La investigación sobre la EM/SFC y el COVID persistente ha avanzado de forma notable en los últimos años, pero todavía no existe una prueba diagnóstica capaz de confirmar estas enfermedades de manera objetiva. En este contexto, el estudio de Castro-Marrero y colaboradores representa un paso importante porque demuestra que la combinación de biomarcadores clínicos y analíticos puede ayudar a diferenciar distintos perfiles biológicos.

Aunque se trata de un estudio piloto y sus resultados deben validarse en cohortes más amplias, aporta varias conclusiones de gran interés.

1. Refuerza que la EM/SFC y el COVID persistente tienen una base biológica objetiva

Durante años, muchos pacientes han tenido que enfrentarse a la idea de que sus síntomas no podían explicarse mediante alteraciones orgánicas demostrables.

Este trabajo aporta una nueva evidencia de que existen cambios medibles en distintos sistemas fisiológicos, especialmente en la función endotelial y la regulación inmunitaria.

2. Confirma que ambas enfermedades comparten numerosos mecanismos

Los resultados muestran que la EM/SFC y el COVID persistente presentan importantes similitudes biológicas.

Esto respalda la hipótesis de que ambas enfermedades podrían compartir procesos fisiopatológicos comunes, aunque desencadenados por factores diferentes.

3. También demuestra que existen diferencias

A pesar de esas similitudes, los investigadores comprobaron que la combinación de determinados biomarcadores permite distinguir ambos grupos con una precisión considerable.

Esto sugiere que no todos los pacientes desarrollan exactamente las mismas alteraciones y que probablemente existan diferentes perfiles biológicos.

4. La disfunción endotelial emerge como un mecanismo relevante

Uno de los mensajes más consistentes del estudio es la importancia de la función del endotelio.

Este hallazgo coincide con numerosos trabajos recientes que relacionan la activación endotelial con alteraciones de la microcirculación, hipoperfusión, disfunción autonómica y fatiga persistente.

Aunque todavía no puede afirmarse que sea el mecanismo principal de la enfermedad, cada vez existen más evidencias de que desempeña un papel importante en un número significativo de pacientes.

5. El futuro probablemente estará en los paneles de biomarcadores

Quizá la conclusión más relevante sea que ningún biomarcador aislado parece suficiente para diagnosticar la EM/SFC o el COVID persistente.

Sin embargo, la combinación de distintos parámetros clínicos, inmunológicos y vasculares podría permitir desarrollar en el futuro herramientas diagnósticas mucho más precisas.

Este enfoque es similar al que ya se utiliza en otras enfermedades complejas, donde el diagnóstico se basa en la integración de múltiples variables en lugar de depender de un único análisis.


9. Conclusión

El estudio de Castro-Marrero y colaboradores constituye una evidencia más de que la EM/SFC y el COVID persistente son enfermedades biológicamente complejas en las que interactúan alteraciones inmunológicas, vasculares, autonómicas y metabólicas.

Sus resultados apoyan la creciente idea de que la disfunción endotelial, junto con la inflamación persistente y la alteración de la regulación vascular, puede desempeñar un papel importante en la aparición y mantenimiento de los síntomas.

Aunque todavía estamos lejos de disponer de un biomarcador diagnóstico definitivo, investigaciones como esta acercan cada vez más ese objetivo y contribuyen a comprender mejor unas enfermedades que durante demasiado tiempo han permanecido infradiagnosticadas y escasamente comprendidas.

En definitiva, este trabajo no ofrece una respuesta definitiva, pero sí añade una pieza importante al complejo puzle de la EM/SFC y el COVID persistente. Sumado a investigaciones posteriores sobre microcirculación, activación endotelial, senescencia celular y alteraciones inmunológicas, refuerza la idea de que estas enfermedades tienen una base fisiopatológica objetiva y que el desarrollo de biomarcadores combinados constituye una de las líneas de investigación más prometedoras para los próximos años.


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